
En la localidad santafesina de Villa Gobernador Gálvez, la crisis del sector cárnico tomó un rumbo cooperativo y de subsistencia extrema. Tras más de medio año desde que los dueños del frigorífico Euro decidieran bajar las persianas y dejar a la deriva al personal, la base trabajadora decidió tomar el control de las instalaciones ubicadas sobre la avenida San Diego al 1900. La iniciativa no solo busca evitar el desmantelamiento de la empresa, sino también dar respuesta a una emergencia habitacional inmediata.
Una mudanza forzada y el motor de la autogestión
La paralización de las actividades comerciales golpeó de lleno la economía de los asalariados, al punto de que quince familias se vieron obligadas a instalarse a vivir de forma permanente dentro del complejo fabril al no poder seguir afrontando los costos de sus alquileres.
Frente a este escenario, la resistencia mutó rápidamente en producción activa:
El reinicio: Hace aproximadamente un mes, un pequeño grupo de una docena de operarios comenzó a reacondicionar la maquinaria de la línea de calibrado y limpieza de menudencias y tripas para embutidos.
Efecto contagio: En pocas semanas, la nómina de trabajadores autogestionados se duplicó, alcanzando los 30 operarios en actividad constante.
Sinergia local: El engranaje productivo volvió a girar gracias al stock remanente en los depósitos y al respaldo de un empresario de la región, quien comenzó a proveerles materia prima para procesar bajo contratos de faena artesanal.
Viabilidad económica y el camino hacia la cooperativa
Los delegados gremiales del Sindicato de la Carne defienden la legitimidad de la ocupación argumentando que la planta —nacida originalmente en la década de 1990 bajo el ala de la familia Lequio— cuenta con un potencial comercial totalmente intacto, habiendo operado históricamente tanto para el consumo interno como para los mercados de exportación.
"La fábrica es sustentable y lo estamos demostrando con hechos. Nuestro único propósito es defender el derecho al trabajo y reactivar el valor de este espacio", señalaron desde la representación de los trabajadores.
De cara al futuro a mediano plazo, el colectivo obrero no cierra ninguna puerta legal para regularizar su situación. Mientras aguardan la resolución de mesas de diálogo con empresarios interesados en adquirir la planta o inyectar capital, avanzan de forma paralela en el asesoramiento técnico e institucional para constituirse formalmente como una cooperativa de trabajo. El desenlace de este conflicto es seguido de cerca por todo el cordón industrial del Gran Rosario, donde la experiencia de Euro podría marcar un nuevo antecedente de gestión obrera ante el cese de operaciones patronales.
