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El mercado del empleo digital en Argentina atraviesa una doble crisis: la masificación de mano de obra debido al desempleo formal y una drástica reducción del poder de compra de las tarifas que pagan las compañías del sector. Quienes recurren a las aplicaciones de reparto y transporte se ven obligados a extender sus jornadas laborales hasta límites físicos extremos, operando en un escenario de total desprotección legal y previsional.

La falta de registros estadísticos oficiales no impide dimensionar el fenómeno. Estimaciones del sector calculan que ya es cerca de un millón de personas las que obtienen la totalidad o una porción de sus recursos a través de firmas como Rappi, PedidosYa, Uber, Cabify o DiDi. A modo de ejemplo, el segmento de transporte de pasajeros mediante plataformas experimentó un incremento del 30% en su dotación de conductores habilitados durante el último año, consolidando una tendencia de refugio laboral ante la contracción de la economía tradicional.
Radiografía del sector: jornadas interminables y brecha de ingresos

Una investigación desarrollada por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) expone la vulnerabilidad estructural de quienes integran este eslabón de la denominada "economía de plataformas":

Sustento principal: Para el 60% de los prestadores, los ingresos derivados de la aplicación constituyen el motor económico exclusivo de su hogar, evidenciando el rol de estas herramientas como amortiguador de la caída salarial generalizada.

Bajo la línea de subsistencia: El 68,1% de los trabajadores encuestados percibe remuneraciones netas inferiores a la mitad de una Canasta Básica Total (CBT).

Sobreexplotación horaria: El estudio arroja que el 61,3% de aquellos que dedican más de 40 horas semanales a la actividad tampoco logran superar el umbral de la media CBT.

En términos prácticos, los repartidores que utilizan bicicletas señalan que para alcanzar ingresos mensuales competitivos precisan cubrir turnos de hasta 14 horas diarias. En esquemas de 8 horas durante seis días a la semana, la recaudación promedio se posiciona en una franja muy inferior, afectada tanto por la sobreoferta de trabajadores en las calles como por la disminución en el volumen de pedidos de los usuarios.
El vacío normativo y el debate por el encuadre laboral

A diferencia de los avances registrados a nivel internacional —como la implementación de la "Ley Rider" en España, que obliga a reconocer la relación de dependencia y transparentar los algoritmos de asignación de tareas—, en el plano local los intentos de regulación avanzan con extrema lentitud.

Existen iniciativas parlamentarias impulsadas por sectores sindicales y proyectos en ámbitos provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires orientados a fijar marcos de protección, pero ninguno ha logrado transformarse en ley.

"La reciente reforma laboral no contiene referencias al trabajo digital en su sentido amplio. El texto legal menciona a los repartidores y transportistas de aplicaciones para ratificar su exclusión de los beneficios de la modernización laboral, asumiéndolos bajo la figura de trabajadores independientes en sintonía con el planteo corporativo de las empresas", advierte Patricia Sorribas, especialista e investigadora de la UNC.

La ausencia de un marco regulatorio eficaz no solo perpetúa la falta de coberturas ante accidentes de trabajo (ART) o contingencias de salud en el presente, sino que configura un severo conflicto a largo plazo para el sistema de seguridad social, dado que la mayor parte de este universo laboral queda al margen de los aportes jubilatorios formales.