NO-ALCANZA-EL-SUELDO

El informe de distribución del ingreso expone que la mayoría de los trabajadores no llega a cubrir el costo de la canasta básica para una familia tipo. La informalidad laboral roza el 38% y profundiza la brecha salarial.

La mejora en algunas variables macroeconómicas que el Gobierno nacional exhibe como bandera de su programa económico convive con un escenario complejo y desafiante en el bolsillo de los trabajadores. Los datos de distribución del ingreso publicados por el INDEC correspondientes al primer trimestre de 2026 revelaron que la mayor parte de los asalariados continúa percibiendo remuneraciones insuficientes para cubrir el costo de vida de una familia tipo.

El informe estadístico refleja que el 80% de los asalariados —contando tanto al sector registrado como al informal— tuvo ingresos inferiores a los 1,5 millones de pesos mensuales durante el período relevado. Al contrastar esta cifra con la Canasta Básica Total para un hogar promedio, se evidencia que una gran proporción de los trabajadores quedó por debajo de la línea necesaria para no caer en la pobreza, exponiendo la distancia que aún separa a los salarios del costo de vida acumulado tras más de dos años de ajuste.
Brecha salarial y precarización estructural

El estudio del organismo estadístico pone la lupa sobre un fenómeno estructural del mercado laboral argentino: la persistencia de elevados niveles de informalidad. Actualmente, el 37,9% de los asalariados no cuenta con descuento jubilatorio, consolidándose como una de las principales expresiones de precarización.

Esta realidad se traduce directamente en los ingresos percibidos:

Trabajadores registrados: Quienes poseen aportes previsionales alcanzaron un ingreso promedio de 1.375.143 pesos mensuales.

Trabajadores informales: Aquellos que se desempeñan sin aportes apenas superaron un promedio de 731.150 pesos al mes.

Aunque una incipiente desaceleración inflacionaria permitió una recuperación parcial en ciertos sectores formales amparados por acuerdos paritarios dinámicos, esta mejora no se trasladó con la misma fuerza al universo de cuentapropistas, informales y ocupados de menores ingresos. La reactivación económica actual muestra una expansión de ganancias en sectores como la energía, las finanzas o la exportación, pero no derrama de manera homogénea en la masa trabajadora.
La pirámide de la desigualdad

La distribución por deciles laborales permite ver que recién en los dos escalafones superiores (el 20% mejor remunerado del país) aparecen sueldos que superan con mayor claridad el costo de la canasta familiar. El octavo decil, por ejemplo, registra ingresos promedio cercanos a los 1,4 millones de pesos.

La brecha de desigualdad se confirma al observar los extremos de la pirámide: el decil más alto de los asalariados concentra el 28,3% de la masa de ingresos laborales, mientras que el decil más bajo participa con apenas el 1,7%.

Si se analiza el conjunto de los hogares, el 10% más rico de la población concentra el 31,2% del ingreso total familiar, frente a un escaso 2% al que accede el 10% más pobre. En este último grupo de menores recursos, la dependencia económica es alarmante (existen 242 personas no ocupadas cada 100 ocupadas) y el 61% de sus ingresos no proviene del trabajo, sino de jubilaciones, pensiones, asignaciones y transferencias estatales.