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Osvaldo Jaldo rompió el silencio y encabezó una rebelión federal contra la eliminación de las PASO. La postura del tucumano expone la fragilidad de los acuerdos parlamentarios de la Casa Rosada.


Lo que el Poder Ejecutivo proyectó como una reforma administrativa para reducir el gasto político y simplificar las urnas se ha transformado en un campo de batalla de alta intensidad. La iniciativa de Javier Milei para suprimir las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) —junto a la implementación de la Boleta Única y la Ficha Limpia— encontró un obstáculo inesperado: la resistencia de sus aliados más constructivos en el interior del país.

El quiebre de una alianza estratégica

Hasta hace pocos días, el gobernador tucumano Osvaldo Jaldo era considerado una pieza fundamental en el esquema de "gobernadores dialoguistas" que garantizaban gobernabilidad al oficialismo en el Congreso. Sin embargo, el mandatario provincial marcó un límite drástico al calificar el proyecto oficialista como un intento de manipulación del sistema.

“El gobierno nacional está intentando hacerse un traje a medida en materia electoral”, disparó Jaldo en declaraciones televisivas, enviando un mensaje directo a Balcarce 50.

Para el tucumano, las PASO no son un gasto innecesario, sino una “herramienta de ordenamiento” que garantiza la participación ciudadana y evita que las candidaturas se definan a puertas cerradas en los despachos porteños.

Un efecto dominó en las provincias

La postura de Tucumán no es un caso aislado. El malestar se ha extendido a otros distritos clave:

·Catamarca: Raúl Jalil, otro mandatario de vínculo fluido con la Casa Rosada, también habría manifestado reparos.

·El bloque del PRO y la UCR: Dentro de los partidos que suelen acompañar al Gobierno, surgen voces que advierten que eliminar las primarias de raíz podría atomizar el voto y dificultar la resolución de liderazgos internos.

Este escenario complica la matemática legislativa del oficialismo, especialmente en el Senado, donde el peso de las provincias es determinante. Sin el aval de los gobernadores, la reforma corre el riesgo de quedar empantanada en las comisiones, despojando al Gobierno de una de sus banderas de "transparencia y ahorro".

El peronismo y la interna "de abajo hacia arriba"

Más allá de la ley nacional, el movimiento de Jaldo tiene una lectura interna dentro del Partido Justicialista. El gobernador propuso llevar el debate al Consejo Provincial del PJ, planteando que el peronismo debe reorganizarse con un fuerte protagonismo de los líderes territoriales.

En ese mismo acto, tomó distancia de figuras como Axel Kicillof, advirtiendo que las construcciones nacionales no pueden ser proyectos individuales. De esta forma, la discusión sobre las PASO se funde con la interna peronista, donde los gobernadores del interior buscan recuperar su capacidad de decidir sobre el destino de sus propias estructuras políticas.

Conclusión: De la técnica a la desconfianza

La Casa Rosada intentó presentar la reforma como una cirugía necesaria para la salud fiscal del país. No obstante, la reacción de las provincias demuestra que tocar las reglas de juego electoral es interpretado como una búsqueda de ventaja competitiva para La Libertad Avanza. Cuando un aliado clave como Jaldo empieza a hablar de desconfianza y "trajes a medida", el proyecto deja de ser una cuestión de gestión para convertirse en una pulseada política de final abierto.