El actual ministro del Interior fue el elegido por los hermanos Milei para contener la crisis política y equilibrar las tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo. La Casa Rosada busca mantener el suspenso hasta el regreso del Presidente de Europa, mientras el exvocero asimila un desplazamiento jaqueado por frentes judiciales.
La cumbre del poder libertario definió un drástico giro estratégico para frenar tres meses de una profunda sangría política. Diego Santilli fue elegido por los hermanos Javier y Karina Milei como el nuevo jefe de Gabinete de la Nación, en reemplazo de Manuel Adorni. El recambio, precipitado en las últimas horas, busca posicionar al actual ministro del Interior como un factor de equilibrio en la gestión y un "punto de encuentro" capaz de esquivar las crecientes disputas internas entre la secretaria general de la Presidencia y el asesor Santiago Caputo.
Aunque la decisión ya fue convalidada por los sectores centrales del oficialismo, la filtración de la noticia generó incomodidad en Balcarce 50. Con el objetivo de maquillar la fuerte influencia de Karina Milei en el armado ministerial mientras el Presidente se encontraba en España, la Casa Rosada montó una estrategia de suspenso instalando el nombre del canciller Pablo Quirno en la discusión y postergando la oficialización para este fin de semana, bajo el argumento de que la "decisión final" se tomará tras el arribo del mandatario este sábado por la mañana.
No obstante, las señales políticas resultaron unívocas: en paralelo a los intentos de relativizar el nombramiento, Santilli mantuvo una extensa reunión de trabajo en la Casa Rosada junto a Karina Milei y los referentes del sector de los Menem.
Los desafíos de Santilli y el desgaste de la "marca personal"
Cerca del ministro del Interior aseguran que este vertiginoso ascenso no afectará sus proyecciones de cara a una futura candidatura a gobernador por la provincia de Buenos Aires. En su entorno directo recuerdan su experiencia previa cuando debió asumir la cartera de Seguridad en la Ciudad de Buenos Aires en medio de una severa crisis institucional, logrando encauzar los resortes del área.
Desde su llegada al Ministerio del Interior a fines del año pasado, Santilli debió convivir con Adorni operando como un stopper o marca personal dentro de sus propias estructuras de reunión. Mediante un paciente despliegue de manual político, el exvicejefe porteño logró sortear la presión interna hasta que el propio jefe de Gabinete saliente entró en una fase de desgaste acelerado, erosionado por denuncias públicas vinculadas a gastos desmedidos.
Hoy, el panorama para Adorni es sombrío: en los pasillos oficiales describen que el exvocero se encuentra consternado ante la pérdida del blindaje de la Casa Rosada y la inminencia de complejos frentes judiciales en el fuero penal, con la consecuente preocupación por los elevados costos de su defensa jurídica.
El factor de los mercados y el cimbronazo en el PRO
La velocidad del desplazamiento de Adorni responde a una estricta necesidad de supervivencia económica y legislativa. El Gobierno evaluó inicialmente la posibilidad de dejar que la oposición avanzara con la destitución del funcionario en el Congreso para alimentar una narrativa de victimización ante la opinión pública. Sin embargo, el ala económica advirtió que la caída de un jefe de Gabinete bajo sospechas de corrupción enviaría una señal devastadora a los mercados internacionales y dinamitaría las bases del plan financiero.
Por otra parte, la crisis en la cima de La Libertad Avanza terminó provocando un terremoto político dentro del PRO. El bloque conducido por Mauricio Macri ejecutó un drástico giro de último momento para rescatar a Adorni en el Parlamento, una pirueta retórica que chocó de frente con los discursos éticos que el exmandatario había sostenido semanas atrás.
Esta flagrante contradicción interna desató una fractura total en el partido fundacional del espacio, que se cobró su primera víctima de peso con la renuncia indeclinable de Esteban Bullrich a la fuerza, bajo la dura sentencia de haber "bajado la última bandera".
