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Tras el arribo de las primeras unidades en diciembre, el Departamento de Defensa de EE. UU. confirmó el contrato para la instrucción de los aviadores locales. El plan de entrenamiento se extenderá hasta 2029.


La incorporación de los cazas F-16 al Sistema de Defensa Nacional entró en su fase de formación operativa. El gobierno argentino destinará 33,1 millones de dólares para el entrenamiento de sus pilotos instructores, una tarea que ha sido adjudicada a la empresa estadounidense Top Aces Corp, con sede en Arizona.

Los detalles del entrenamiento

El contrato, gestionado bajo la modalidad de Ventas Militares Extranjeras (FMS), tiene como objetivo que la Fuerza Aérea Argentina logre una "capacidad operativa independiente". Según informó el organismo norteamericano:

·Sede: Las tareas de instrucción se llevarán adelante directamente en territorio argentino.

·Plazos: Se estima que el proceso de capacitación concluya hacia el 30 de junio de 2029.

·Financiamiento: Para el año fiscal 2026, ya se han comprometido fondos por un monto inicial de US$22,7 millones.

La llegada de los "Fighting Falcon"

Este anuncio se produce luego de que, a principios de diciembre de 2025, aterrizaran en el país las primeras seis unidades provenientes de Dinamarca. Estas aeronaves (cuatro biplazas y dos monoplazas) son la vanguardia de un lote total de 24 aviones adquiridos por un valor de US$650 millones, cifra que incluye el sistema de armas provisto por los Estados Unidos.

Desde el Ministerio de Defensa subrayaron la relevancia histórica de la compra: "Estamos reconstruyendo una Argentina grande, recuperando la capacidad supersónica para defender nuestro cielo".

Prestaciones y rol estratégico

El F-16 Fighting Falcon es reconocido mundialmente por su versatilidad. El diseño permite realizar múltiples tipos de operaciones:

·Combate y ataque: Supresión de defensas enemigas, ataque marítimo y apoyo aéreo cercano.

·Tecnología: Designación dinámica de objetivos y misiones de inteligencia y reconocimiento (ISR).

·Rendimiento: Maniobrabilidad extrema y capacidad de superar la velocidad del sonido, incluso en vuelos a baja altura.

Con esta inversión en capital humano, la Argentina busca no solo poseer el equipamiento, sino garantizar que sus cuadros técnicos y pilotos alcancen los estándares internacionales necesarios para operar una de las plataformas de combate más eficientes del mundo.