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Tras soportar un cautiverio de 448 días bajo el régimen venezolano, el gendarme catamarqueño Nahuel Agustín Gallo reapareció públicamente en Buenos Aires para compartir su primera declaración oficial.


En una emotiva conferencia de prensa brindada en la sede de Gendarmería Nacional, Gallo no solo celebró su regreso a la patria, sino que asumió un rol de vocero por quienes todavía permanecen tras las rejas en el centro de detención El Rodeo I.

Su mensaje fue contundente: su libertad no será plena mientras otros 24 extranjeros sigan privados de su derecho en condiciones de extrema precariedad.

Acompañado por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, el canciller Pablo Quirno y el jefe de la fuerza, Claudio Brilloni, el gendarme describió su paso por El Rodeo I como una experiencia marcada por la tortura psicológica y la incertidumbre constante.

Con la voz entrecortada al recordar la soledad de los detenidos foráneos —quienes carecían de visitas o contacto telefónico—, Gallo evitó entrar en detalles sobre las "atrocidades" vividas, alegando que aún no se siente preparado psicológicamente para relatar el horror en su totalidad.

Sin embargo, aprovechó la exposición para exigir a los medios internacionales que no desvíen la mirada de los centros de detención ilegal en Venezuela, calificando la situación de los extranjeros allí como un secuestro.

La liberación del gendarme, concretada el pasado domingo, fue el resultado de una compleja trama diplomática en que la AFA cumplió un rol determinante para destrabar la negativa del chavismo de entregar al agente directamente a las autoridades argentinas.

Durante el acto, el canciller Quirno extendió un agradecimiento especial a los gobiernos de Estados Unidos e Israel por su colaboración en las gestiones, al tiempo que ratificó el compromiso del Estado para lograr la libertad de Germán Giuliani, el abogado argentino que aún permanece bajo custodia del régimen de Caracas.

Hacia el final de su intervención, Gallo desmintió versiones sobre una supuesta retención en el Edificio Centinela, asegurando que se encuentra allí por voluntad propia para completar los estudios médicos de rigor y reinsertarse progresivamente en la sociedad.

Mientras se prepara para retomar sus actividades personales y profesionales, incluyendo su afición por el atletismo, el gendarme dejó en claro que su prioridad inmediata, además de reencontrarse con su familia, es mantener viva la memoria sobre los presos políticos que dejó atrás.

Su testimonio marca un hito en la denuncia sobre las condiciones carcelarias en Venezuela, subrayando que su retorno es apenas un capítulo en una crisis humanitaria que sigue sumando víctimas.