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Un reciente relevamiento conjunto entre el Observatorio de la Deuda Social de la UCA y Edenred ha puesto de manifiesto una realidad alarmante: la crisis de ingresos ha perforado la dieta de los trabajadores formales en Argentina. Hoy, ocho de cada diez empleados deben ajustar su alimentación durante la jornada laboral debido a restricciones presupuestarias.

Radiografía del "ajuste" alimentario


El informe detalla cómo los trabajadores modifican sus hábitos de consumo para intentar equilibrar sus finanzas personales, distinguiendo entre la cantidad y la calidad de lo que ingieren:

·Restricción en la cantidad: El 61,1% de los asalariados admite saltearse comidas por motivos económicos. De este grupo, un 14,4% lo hace de forma regular, mientras que el resto lo hace ocasionalmente.

·Caída en el valor nutricional: El 78,5% de los trabajadores se ve obligado a optar por alimentos menos nutritivos pero más económicos, reemplazando proteínas y frescos por harinas y ultraprocesados.

·La "doble privación": El fenómeno más crítico alcanza al 56,2% de la fuerza laboral, quienes sufren ambas carencias de forma simultánea: reducen las porciones y, al mismo tiempo, consumen alimentos de baja calidad.

Los sectores más golpeados

La inseguridad alimentaria no afecta de manera uniforme, sino que se ensaña con grupos específicos. El riesgo de comer menos y peor es significativamente más alto entre los jóvenes de 18 a 29 años (66,8%) y las mujeres (60,1%).

Geográficamente, el impacto es más profundo en el norte del país, con el NOA (65%) y el NEA (62,3%) a la cabeza de las privaciones. Asimismo, el informe revela un dato llamativo sobre la gestión: el 70% de los empleados del sector público padece la doble privación alimentaria, frente al 50,3% registrado en el ámbito privado.

El teletrabajo y los beneficios como mitigadores

El análisis destaca que la modalidad de trabajo se ha convertido en un divisor de aguas. El home office aparece como el resguardo más efectivo, ya que solo el 16,1% de los trabajadores virtuales padece la doble privación, gracias a la posibilidad de cocinar en sus hogares.

Por otro lado, la intervención de los empleadores marca una diferencia sustancial en la salud del trabajador:

·Comedores y viandas: La situación mejora drásticamente en empresas que proveen directamente el alimento.

·El aporte necesario: El 69% de los encuestados considera que recibir una contribución diaria de $10.000 sería de gran utilidad para cubrir el costo promedio de un almuerzo actual.

·Desigualdad en los beneficios: Actualmente, solo el 44,4% de los trabajadores —generalmente aquellos con mejores ingresos— cuenta con algún tipo de asistencia alimentaria por parte de su empresa.

El informe concluye que, ante la pérdida de poder adquisitivo, la alimentación en el ámbito laboral ha dejado de ser una pausa para la recuperación y se ha transformado en una de las principales variables de ajuste para el bolsillo de los argentinos.