Especialistas advierten que adolescentes de apenas 15 años ya presentan cuadros de dependencia severa. La modalidad de cocaína fumada gana terreno en sectores vulnerables y personas en situación de calle.
MENDOZA – El mapa de los consumos problemáticos en la provincia está sufriendo una transformación drástica y preocupante. Según advierten autoridades y profesionales del sistema de salud, el uso de la denominada “pipa” (cocaína fumada) ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en una problemática de crecimiento sostenido que golpea con especial dureza a los sectores más desprotegidos.
Adolescencia en riesgo
Uno de los datos más dolorosos que arrojan los diagnósticos actuales es la precocidad del consumo. “Lo que más nos preocupa es la disminución en la edad de inicio. Hoy tenemos chicos de 15 años con consumos instalados y dependencia física”, alertó Martha Intuchi en declaraciones a Aconcagua Radio.
Este escenario se agrava en contextos de alta vulnerabilidad social, donde el consumo suele ser la consecuencia de la falta de escolarización y la ruptura de lazos institucionales.
En muchos casos, los especialistas detectan que se trata de jóvenes que representan la segunda o tercera generación de consumidores en sus familias, lo que dificulta aún más el abordaje.
¿Qué es la "pipa" y por qué es tan destructiva?
Es común la confusión con el paco, pero técnicamente se trata de clorhidrato de cocaína transformado en una sustancia sólida para ser fumada. Esta modalidad utiliza pipas caseras o cigarrillos intervenidos. Su peligrosidad radica en la velocidad del efecto:
·Euforia instantánea: La droga llega al cerebro en pocos segundos.
·Efecto fugaz: La sensación de bienestar desaparece rápidamente, lo que empuja al consumidor a repetir la dosis casi de inmediato.
·Alta dependencia: Esta repetición constante acelera el deterioro cognitivo, físico y social del individuo en tiempo récord.
El impacto en el organismo
A diferencia de otras formas de administración, fumar cocaína ataca de manera directa el sistema respiratorio, provocando daños irreversibles en pulmones y bronquios. A nivel psicológico, los cuadros de paranoia, ansiedad extrema y depresión son moneda corriente entre quienes padecen esta adicción, alterando permanentemente la toma de decisiones y el control de los impulsos.
Hacia un nuevo modelo de intervención
El avance de este fenómeno pone en evidencia que los tratamientos convencionales están quedando obsoletos frente a las nuevas dinámicas de consumo. Para las personas en situación de calle, por ejemplo, sostener un tratamiento de consultorio es casi imposible.
Ante esto, en Mendoza se ha comenzado a trabajar con equipos itinerantes que buscan llevar la atención directamente al territorio. El desafío, según el Plan Provincial de Adicciones, es adaptar las respuestas del Estado a un fenómeno global que hoy se ensaña con los adolescentes y los sectores que han quedado fuera de todo sistema de contención.
