La Confederación General del Trabajo (CGT) formalizó el inicio de un nuevo esquema de reclamos contra las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, la decisión lejos estuvo de traer paz a Azopardo. La adopción de una estrategia de "paros a la francesa" —medidas de fuerza intermitentes, sectoriales y prolongadas en el tiempo— reavivó una interna colmada de recelos, pases de factura y desconfianza mutua entre las distintas vertientes de la conducción.
Moderados vs. Combativos: la pulseada por el método
El debate interno expuso una vez más la hegemonía del ala dialoguista, que logró imponer su postura frente a los sectores más duros de la central, quienes presionaban para convocar de inmediato a una huelga general de 36 horas.
·La estrategia elegida: Los sindicatos del transporte venían impulsando el modelo de protestas rotativas. El objetivo es evitar el desgaste de los paros generales aislados y generar una complicación constante que obligue al Ejecutivo a revisar sus reformas laborales y socioeconómicas.
·La trastienda de la votación: El sector moderado retuvo la mayoría en el Consejo Directivo, aunque la reunión clave estuvo marcada por un llamativo vacío de figuras de primera línea, la proliferación de segundas líneas en las sillas y retiros anticipados antes de que se terminara de diagramar el plan de acción.
Ausencias bajo la lupa e intrigas de pasillo
El faltazo de varios secretarios generales de peso encendió las alarmas y alimentó los rumores en los pasillos de la central obrera:
Dirigentes de peso como Héctor Daer (Sanidad), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Sergio Palazzo (Bancarios) y Sergio Sasia (Ferroviarios), entre otros, justificaron sus ausencias amparándose en problemas de salud, compromisos médicos o viajes de agenda.
Sin embargo, la inasistencia que más ruido generó fue la de Héctor Daer. El referente de "los Gordos" se mostró en la provincia de Santa Cruz junto al gobernador Claudio Vidal en un acto institucional. Para los sectores más combativos de la CGT, este movimiento fue leído como un intento deliberado de despegarse de las resoluciones de la jornada, especialmente considerando que los legisladores alineados con el mandatario santacruceño respaldaron aspectos de la reforma laboral oficialista. Desde el entorno de Daer desmintieron las especulaciones, asegurando que la comitiva estaba pautada de antemano y que el dirigente respalda plenamente el nuevo plan de lucha.
Por otra parte, la tensión aumentó cuando trascendieron fotos de otros referentes cegetistas, como Juan Pablo Brey y Cristian Jerónimo, manteniendo reuniones paralelas con Pablo Moyano. El dirigente camionero había lanzado duras críticas a la conducción actual, señalando que las vías judiciales y de negociación política habían fracasado y que solo restaba la confrontación en las calles.
El frente disidente y el desafío de la coordinación
El panorama se vuelve aún más complejo por la presión que ejerce el bloque por fuera de la conducción oficial, liderado por Luis Barrionuevo (Gastronómicos) y Omar Maturano (La Fraternidad), al que se acopla la UTA. Este espacio busca marcarle la cancha a la CGT exigiendo medidas de fuerza extremas y cortes de vías de comunicación. Curiosamente, la desconfianza es tal que trascendió que algunos dirigentes que se muestran combativos en esas cumbres disidentes luego se comunican en privado con el ala dialoguista para despegarse de los reclamos maximalistas.
El éxito de este nuevo formato de protestas escalonadas dependerá exclusivamente de la capacidad de la CGT para establecer una tregua hacia adentro. Coordinar paros cronometrados por sectores exige una disciplina y una unidad de acción que hoy chocan de frente con el histórico reflejo de la fragmentación sindical.
