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Fuente: BBC
Santiago Elías Belozo, con 19 años, estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio cuando ingresó como tripulante del Belgrano. No conocía el mar.

Extractos de cómo recuerda ese día:

"Mi puesto de guardia en artillería era hasta mediodía. Cuando termina me voy a descansar a los dormitorios. A las 4 de la tarde pega el primer torpedo. Se siente un sacudón muy grande. Las camas se desprenden. Muchos nos caemos. Algunos caños se sueltan.

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El barco se frena y se escucha otra explosión. Por unos segundos hay un silencio mortal.

Subo a mi puesto de combate y me dice un guardiamarina que nos habían atacado.

Veo a un cabo segundo descalzo y con poca ropa. Cuando intento bajar a buscarle unas zapatillas subían todos los que estaban quemados. Me dice: “No pasa nada, mi pollo, nos vemos en Ushuaia”.

Me voy a proa, a mi lugar designado de abandono de la nave.

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Hacemos una cadena humana entre los que estamos bien para que los heridos puedan pasar detrás nuestro sin caer al agua, porque el barco se escora.

Hay una tormenta impresionante en el Atlántico Sur. Pero el barco se sigue escorando y el comandante da la orden de abandonar el buque. Primero bajamos a los heridos.

Luego un teniente me grita: “¡Belozo, vámonos que nos hundimos!”.

Cuando nos estamos por tirar se escucha un ruido muy fuerte. Era el cabrestante que se soltó, con tan mala suerte que cayó arriba de algunas balsas.

Al cabo segundo no lo vi más. Murió en una de ellas".