Por disposición del Ejecutivo, Argentina entra en fase de vigilancia "ALTA". Se reforzaron los controles fronterizos y la custodia de objetivos estratégicos en todo el territorio.
Ante la gravedad de los acontecimientos bélicos en el plano internacional, la administración central liderada por Javier Milei anunció un cambio drástico en el esquema de protección interna. A través de un comunicado de la Oficina del Presidente, se confirmó que el país se encuentra bajo un nivel de seguridad ALTO, una medida preventiva que busca anticiparse a posibles derivaciones del conflicto en suelo argentino.
La decisión implica un despliegue inmediato de las Fuerzas Federales y organismos de inteligencia para resguardar la "infraestructura crítica" y los denominados "objetivos sensibles", con especial énfasis en la protección de la comunidad judía y las sedes diplomáticas extranjeras que operan en el país.
El nuevo protocolo de emergencia establece tres ejes de acción inmediata para garantizar el orden constitucional:
Se activó una vigilancia estricta en los puntos de ingreso y egreso del país. Esto incluye un aumento en la trazabilidad de los movimientos transfronterizos y la revisión exhaustiva de alertas tempranas en zonas limítrofes consideradas de riesgo.
El Sistema de Inteligencia Nacional se encuentra en sesión permanente y en contacto directo con agencias del exterior para detectar amenazas en tiempo real.
El operativo integra el trabajo conjunto de la Secretaría de Inteligencia de Estado, el Ministerio de Seguridad y la Dirección Nacional de Migraciones.
Desde el Gobierno informaron que este fortalecimiento de los dispositivos de seguridad es una respuesta proporcional a un "escenario de alta tensión global". El objetivo primordial, según destaca el documento oficial, es asegurar la vida y la libertad de los habitantes frente a cualquier riesgo derivado de la situación en Medio Oriente.
