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Lo que comenzó como un verano cálido se ha transformado en un fenómeno térmico sin precedentes para la Patagonia. Durante los últimos 10 días, una masa de aire caliente se ha instalado sobre la región, pulverizando récords que, en algunos casos, se mantenían invictos desde el siglo pasado.


Los nuevos "puntos de ebullición" del sur

El dato más alarmante surge de Río Gallegos, donde el termómetro marcó 36,4 °C. Esta cifra no solo es un récord mensual, sino que se convirtió en la temperatura más alta jamás registrada en la historia de la ciudad, superando los 35,8 °C de febrero de 2019.

Otros hitos de esta ola de calor incluyen:

·El Calafate: Rompió la barrera de los 30 °C por primera vez en 26 años (considerando la ubicación actual de su estación). Con 30,4 °C, se posicionó como el tercer registro más alto de toda su serie histórica.

·Ushuaia: En el extremo austral, la temperatura trepó hasta los 25,4 °C, una marca extremadamente inusual para la zona.

·Neuquén y alrededores: Se mantienen como el epicentro del calor extremo con máximas que alcanzaron los 38,6 °C.

El fenómeno en Cutral Co y Plaza Huincul: Calor sin tregua

A diferencia de otros años, el alivio nocturno ha desaparecido. En la zona de Cutral Co y Plaza Huincul, la atmósfera no logra enfriarse debido a mínimas de dos dígitos muy elevadas.

·Persistencia: La región encadena 10 días consecutivos con máximas superiores a los 33 °C.

·Horario extendido: El calor extremo se prolonga hasta pasadas las 21:00 o 22:00 horas.

Pico térmico: Recientemente se registraron 36 °C con una sensación térmica de 37 °C, agravando el estrés hídrico y ambiental de la comarca. Se extendieron la cantidad de horas de calor intenso.

Ranking de las ciudades más calientes (Registros recientes)


1.Neuquén: 38,6 °C

2.San Martín (Mendoza): 37,7 °C

3.Chapelco: 36,5 °C

4.Río Gallegos: 36,4 °C

5.Puerto Madryn: 31,3 °C

Este escenario de temperaturas extremas en latitudes medias y altas pone en evidencia una variabilidad climática que preocupa a especialistas, especialmente por la falta de recuperación térmica durante las noches en la meseta patagónica.

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