Por: Néstor Sandoval
Cutral Co y Plaza Huincul se encuentran en una encrucijada hídrica. Con los ríos superficiales castigados por la sequía, el capital bajo tierra aparece como el único "Plan B" posible en caso que la situación se agrave. Sin embargo, la actividad minera en las altas cumbres amenaza con contaminar los acuíferos antes de que puedan ser aprovechados. La alternativa, sería construir un nuevo acueducto para utilizar la producción para riego. (foto ilustrativa)
En la meseta neuquina, el agua no es solo un recurso; es un activo estratégico que se agota. Mientras la discusión pública suele centrarse en el caudal de los ríos superficiales, existe una realidad invisible que corre bajo nuestros pies: los ríos subterráneos. Para Cutral Co y Plaza Huincul, ubicados "aguas abajo" de las zonas de deshielo, estas reservas representan el último capital hídrico disponible.
La protección de los periglaciares no es entonces una bandera meramente ambientalista, sino una necesidad de seguridad local y regional. La actividad minera en las zonas de alta montaña afecta directamente la calidad de estas aguas que se filtran y alimentan los acuíferos de la meseta. Si esas fuentes se contaminan, la Comarca Petrolera se quedará sin alternativas.
La lección del petróleo y la mirada hacia el Oeste
La historia reciente deja una advertencia clara: parte de las aguas subterráneas de la zona ya se perdieron debido a las décadas de explotación petrolífera que fueron contaminando las napas. Ante este escenario, la mirada debe girar obligatoriamente hacia el oeste, hacia la cordillera neuquina, para explorar la calidad y cantidad de los recursos hídricos bajo el suelo.
La lógica indica que se debería hacer un inventario e identificación de los cauces subterráneos, para comenzar a desarrollar una política de protección sobre esos cursos de agua y, llegado el caso, identificar a quienes los ponen en riesgo para iniciar las acciones legales que correspondan.
La recuperación y protección del agua subterránea no es una utopía técnica. Recuperar este recurso permitiría a Cutral Co y Plaza Huincul pensar en un futuro más allá del hidrocarburo, apuntando a una explotación agrícola productiva que hoy parece imposible por la escasez hídrica.
El espejo del Sahara
El concepto de acuíferos profundos no es nuevo ni descabellado. En el desierto del Sahara, el acuífero de piedra arenisca de Nubia contiene entre 100.000 y 150.000 km3 de agua fósil, acumulada desde la última era de hielo. Estas reservas, situadas a unos 75 metros de profundidad, han permitido la vida en condiciones extremas y algunas estimaciones señalan que podrían durar mil años de dependiendo, lógicamente, del ritmo de explotación y su cuidado .
En nuestra Patagonia, el agua de deshielo que viaja por el subsuelo cumple una función similar de reservorio. Sin embargo, a diferencia del Sahara, nosotros aún estamos a tiempo de proteger la fuente de recarga: los periglaciares.
Sin Plan B
El mensaje para las autoridades y la comunidad es urgente. En un contexto de crisis climática y sequías prolongadas, donde no hay indicios de reversión sino de profundización con la pérdida de glaciares, no existe un "Plan B" si los ríos fallan y las napas se contaminan.
La exploración hídrica hacia el oeste y la defensa irrestricta de las zonas de formación de agua son las únicas garantías de que, en el futuro, la Comarca siga siendo un lugar habitable y productivo.
Hoy, las técnicas y avances digitales en materia de geología, permiten realizar estudios más certeros y a menor costo. En paralelo, Cutral Co y Plaza Huincul cuentan con el ENIM que todavía está en deuda con la reconversión productiva, pero podrían asumir la tarea de poner a resguardo esos acuíferos con los cuantiosos recursos provenientes de El Mangrullo. Es una simple decisión política.
