Este sábado, el encuentro entre River Plate y Tigre no solo será noticia por lo futbolístico. El Estadio Monumental se convertirá en el laboratorio de un experimento sin precedentes en el país: la venta controlada de bebidas alcohólicas durante un partido oficial. La medida, autorizada por el Gobierno porteño, busca modernizar la experiencia del espectador bajo parámetros de seguridad internacional.
Un sistema "blindado" y exclusivo
Desde la dirigencia de Núñez fueron tajantes: no habrá venta libre ni masiva. El proyecto se basa en un esquema de trazabilidad total y se limitará únicamente a los sectores VIP y áreas de hospitalidad.
·Sectores habilitados: Palcos 360 y los espacios exclusivos de las tribunas San Martín, Belgrano, Centenario y Sívori.
·Prohibición total: El consumo y la venta seguirán estrictamente prohibidos en todas las tribunas generales del estadio.
El protocolo: tecnología contra el exceso
Para garantizar el orden, River implementará un riguroso sistema de comercialización que utiliza la plataforma RiverID como eje central:
1.Venta anticipada y nominal: Solo los mayores de 18 años podrán adquirir sus bebidas mediante una preventa que cierra 8 horas antes del pitazo inicial.
2.Límite de consumo: Se permitirá un máximo de dos unidades por persona, vinculadas directamente a la identidad del comprador.
3.Monitoreo Biométrico: El estadio fue elegido para esta prueba por ser el único en Argentina que cuenta con FaceID, lo que permite un seguimiento preciso de quienes acceden a estas áreas.
4.Control de egreso: El operativo incluirá puestos de alcoholemia obligatorios a la salida, coordinados por las autoridades de la Ciudad.
Hacia estándares globales
Con este paso, el fútbol argentino intenta alinearse con ligas de élite como la Premier League, la Bundesliga o el Brasileirao, donde el expendio de alcohol es parte de la cultura del espectáculo deportivo bajo marcos regulatorios específicos.
El éxito de esta jornada será determinante. Si el comportamiento del público y los mecanismos de control funcionan sin incidentes, la experiencia podría marcar el camino para que otros clubes del país soliciten permisos similares, transformando definitivamente la gestión de los estadios en Argentina.
