
El "Canalla" le ganó 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto y desató una eufórica fiesta creyendo que era el campeón de la tabla anual. Sin embargo, en el quinto minuto de descuento, Enner Valencia le dio el triunfo al "Xeneize" frente a Defensa y Justicia y torció la historia.
Una tarde de emociones encontradas y de pura confusión se vivió en el estadio Gigante de Arroyito. Rosario Central pasó de la gloria efímera a la más profunda desilusión en cuestión de minutos, tras consagrar un festejo en el campo de juego por un título que, en realidad, había quedado en manos de Boca Juniors.
El equipo rosarino hizo los deberes en su cancha al vencer por 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto. Para quedarse con el trofeo de la tabla anual, el "Canalla" necesitaba que el conjunto de La Ribera no superara el empate frente a Defensa y Justicia. Mientras el encuentro en La Bombonera se mantenía igualado 0-0, las matemáticas consagraban a Central.
Euforia, invasión y un festejo desmedido
Al finalizar el partido en Rosario, la falta de información inmediata en el estadio desató una escena insólita. Creyendo que el partido en Buenos Aires había concluido en tablas, futbolistas e hinchas dieron rienda suelta a una alocada celebración: varios jugadores se treparon a los alambrados y algunos simpatizantes invadieron el césped para abrazar a sus ídolos.
Sin embargo, a cientos de kilómetros, el desenlace del torneo sufrió un giro dramático. En el quinto minuto de adición, el ecuatoriano Enner Valencia convirtió el gol del triunfo 1-0 para Boca ante Defensa y Justicia, dándole el título acumulado al "Xeneize".
Cuando la noticia del gol agónico de Valencia finalmente llegó al Gigante de Arroyito, la alegría se cortó de forma abrupta y los festejos se transformaron en un sepulcral silencio y en caras de desazón.
La palabra del DT y la amargura de Di María
En la conferencia de prensa posterior al partido, el director técnico de Rosario Central, Jorge Almirón, no ocultó el malentendido:
"Nos confundimos. Festejamos antes porque nos dejamos llevar por la gente", reconoció con crudeza el entrenador sobre los insólitos minutos vividos tras el pitazo final.
Por su parte, Ángel Di María —quien debió seguir las alternativas desde afuera del campo de juego producto de una lesión muscular— aguardó el desenlace del partido de Boca y no pudo ocultar su frustración al enterarse de la conversión agónica de Valencia que dejó a Central sin el trofeo.
