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El Tesoro de los Estados Unidos, bajo la gestión de Donald Trump y la dirección de Scott Bessent, efectuó un nuevo desembolso de 808 millones de dólares hacia Argentina. Esta transferencia, la tercera en el último trimestre, actúa como un respirador artificial para un esquema macroeconómico que, pese a los esfuerzos oficiales, no logra generar divisas genuinas y se sostiene mediante el incremento del pasivo externo.

 

El diagnóstico del Banco Central: Un balance en rojo

El reciente informe sobre el Balance Cambiario de 2025 expone las fragilidades del modelo libertario. Aunque el Gobierno logró evitar un colapso financiero mediante acuerdos con el FMI y swaps con China y EE. UU., los datos estructurales revelan una fuerte sangría de capitales:

Tras el levantamiento del cepo en abril de 2025, la demanda de divisas por parte de particulares alcanzó niveles históricos, con una salida neta de 32.000 millones de dólares en el año.

El retraso cambiario incentivó un déficit de 11.000 millones de dólares, impulsado principalmente por el gasto de argentinos en el exterior.

El pago de servicios financieros representó una salida de 10.200 millones de dólares, una cifra que amenaza con convertirse en una "bola de nieve" si el país no recupera el acceso a mercados voluntarios.

¿Sostenibilidad o "bicicleta" financiera?

El superávit comercial obtenido en 2025 fue insuficiente para cubrir los baches financieros, obligando al ministro Luis Caputo a recurrir a la estrategia de "pagar deuda con más deuda".

Según el informe de la Fundación FIDE, la estabilidad actual depende de un equilibrio precario:

Las empresas emiten Obligaciones Negociables (ON) para financiar el carry trade o "bicicleta financiera", vendiendo dólares para apostar a tasas en pesos.

El Banco Central busca mantener el dólar bajo control, pero la acumulación de reservas genuinas sigue siendo el eslabón más débil del plan.

Si bien cayeron un 21,7% a finales de año tras un sobrestockeo especulativo, la deuda comercial privada continúa en ascenso.

La brecha entre las finanzas y la economía real

Mientras los indicadores financieros se sostienen por el apoyo político de Washington, la actividad económica muestra señales de alarma. El modelo de "salarios planchados" y apertura importadora ha derivado en una crisis del sector industrial.

Mientras el sector financiero celebra el ingreso de préstamos externos, la economía real enfrenta el cierre de fábricas y un incremento en los despidos y suspensiones debido a la caída del consumo y los altos costos operativos en moneda dura.

El interrogante para este 2026 es cuánto tiempo más podrá el Gobierno suplantar la falta de inversión y exportaciones con créditos de emergencia de la administración Trump, antes de que el peso de los intereses acumulados fuerce una reestructuración de la estrategia económica.