Un símbolo de la mesa argentina ha cambiado para siempre. Lumilagro, la histórica firma nacida en 1941, tomó la drástica decisión de apagar sus hornos de producción local. Tras 83 años de historia, la empresa dejará de elaborar las ampollas de vidrio en el país para pasar a un modelo basado en la importación de insumos, golpeada por una crisis de consumo y la apertura comercial.
Las cifras de un ajuste doloroso
La realidad de la planta refleja el complejo escenario de la industria nacional. En apenas dos años, la compañía sufrió un desplome del 50% en sus ventas, lo que derivó en un drástico recorte de su personal. De los 220 operarios directos que integraban la plantilla en 2022, hoy solo quedan 50.
Martín Nadler, director ejecutivo y cuarta generación al frente de la empresa familiar, describió el proceso como "doloroso", señalando que la reducción de estructura fue la única vía para intentar garantizar la supervivencia de la marca hacia el futuro.
El factor China y la amenaza del contrabando
Según los directivos de la firma, el declive no solo se explica por la macroeconomía actual, sino por una competencia que consideran desleal:
·Termos de acero: El auge de productos importados de acero inoxidable —muchos de ellos sin certificaciones de seguridad— desplazó al tradicional termo de vidrio.
·Falta de controles: La empresa denuncia el ingreso masivo de productos por contrabando (se estima que entran al país tantos termos ilegales como legales).
·Riesgos sanitarios: Lumilagro advirtió que muchos de los recipientes que ingresan sin control liberan metales pesados y sustancias tóxicas al contacto con el calor, representando un peligro para la salud de los consumidores que el Estado no está fiscalizando.
De fabricante a ensamblador
Aunque la marca seguirá presente en las góndolas, el corazón de su fabricación nacional se ha detenido. La empresa, que supo ser competitiva a nivel mundial en décadas anteriores, hoy se ve forzada a reconfigurarse ante una política económica que prioriza la baja de precios mediante la importación, incluso a costa de desarmar la cadena productiva local que la sostuvo durante casi un siglo.
