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El Gobierno nacional enfrenta su primer gran desafío con el motor de la economía argentina. Mientras el Palacio de Hacienda urge por divisas para cubrir vencimientos, los productores agropecuarios han decidido "sentarse" sobre la cosecha de soja: al 15 de abril, apenas se ha comercializado el 10% de las casi 50 millones de toneladas proyectadas.

El PowerPoint vs. La Realidad del Bolsillo


La tensión escaló tras la presentación en Washington de Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central. El funcionario desplegó un análisis técnico donde argumentaba que, con la reducción de la brecha cambiaria y retenciones efectivas más bajas (del 26%), el escenario para liquidar es el mejor de la era Milei.

Sin embargo, desde las tranqueras la lectura es opuesta. El sector advierte que el análisis oficial es una "verdad a medias":

·Costos en alza: La inflación en pesos ha erosionado la rentabilidad. Insumos clave como el gasoil y la urea (con subas del 50% al 60%) han disparado los costos de producción.

·El factor retraso: Los productores señalan que, aunque el precio internacional es aceptable, el valor en pesos que reciben hoy es inferior al de finales del año pasado, lo que dificulta el pago de alquileres y deudas.

Estrategia selectiva: Maíz sí, soja no

Contrario a lo que podría pensarse, no hay un bloqueo generalizado. El campo está liquidando otros cultivos con fuerza para mantener la operatividad:

·Maíz: Se vendieron 23 millones de toneladas (10 millones más que el año pasado).

·Girasol: Las declaraciones de venta se multiplicaron exponencialmente.

La soja, en cambio, se ha convertido en el activo de refugio. El productor espera un incentivo adicional, ya sea una baja mayor de retenciones o una mejora en el tipo de cambio, antes de desprenderse del grano que sostiene la molienda industrial y las reservas del BCRA.

La sombra de la próxima campaña

El conflicto no solo afecta el presente. Consultores del sector, como Germán Iturriza, advierten que la planificación para el próximo ciclo viene "herida". Con márgenes negativos o muy ajustados para el trigo y el maíz, la rentabilidad se ha achicado tanto que incluso los establecimientos más eficientes evalúan sus próximos pasos con cautela.

El diagnóstico del sector: "El Gobierno mejoró un precio relativo, pero empeoró el negocio total". Mientras el Excel oficial muestra optimismo, el bolsillo del productor siente el peso de los costos dolarizados y una moneda local que no termina de convencer.