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La emblemática planta L'Amalí, punta de lanza tecnológica de la empresa Loma Negra, mantendrá fuera de servicio su horno principal hasta el cierre del año. La determinación, lejos de responder a cuestiones técnicas, es el resultado directo de una parálisis profunda en la industria de la construcción y una acumulación de stock que ha superado todos los márgenes operativos previstos por la compañía.

Un excedente de stock sin precedentes

La decisión corporativa se sustenta en una realidad física ineludible: en los predios de Olavarría se acumulan más de 700.000 toneladas de clínker (el componente esencial del cemento) que descansan fuera de los silos ante la imposibilidad de ser procesadas por el mercado. Esta "montaña" de insumo es el síntoma de un consumo interno que no logra absorber la capacidad de producción actual.

Desde la firma aseguraron que el volumen de existencias es suficiente para abastecer los pedidos remanentes durante meses, lo que transforma lo que solía ser una parada técnica invernal de 40 días en una suspensión prolongada de actividades que se extenderá por el resto del ejercicio 2026.

El freno a la obra pública como detonante

El sector cementero es considerado el "termómetro" de la economía real, y los datos actuales marcan una temperatura crítica. Según la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland, el despacho cayó un 12,7% interanual en abril, consolidando una curva negativa que afecta a toda la cadena de valor.

Alejandro Santillán, titular del gremio minero AOMA en Olavarría, fue categórico al señalar al responsable: la interrupción de los proyectos de infraestructura financiados por el Estado Nacional. Para el dirigente, la falta de inversión en obra pública ha generado un efecto dominó que no solo afecta a los operarios de planta, sino que golpea con fuerza a sectores derivados como:

·La extracción de piedra caliza en canteras.

·El transporte de carga por carretera y ferrocarril.

·La logística de materiales a granel.

De la inversión récord al ajuste operativo

El caso de L'Amalí resulta particularmente simbólico. Inaugurada en 2021 con tecnología de última generación, fue presentada como la mayor inversión industrial del sector en las últimas décadas. Sin embargo, apenas tres años después de su puesta en marcha, la planta más moderna del país se ve obligada a apagar sus motores principales.

Este escenario refleja la fragilidad de un sector productivo que, tras apostar a la ampliación de su capacidad instalada, se encuentra hoy con un mercado interno retraído y proyectos de gran escala en suspenso. La medida de Loma Negra es, hasta el momento, el ajuste más drástico dentro del mapa cementero nacional y anticipa un segundo semestre de extrema cautela para la industria de la construcción.