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El trabajo en las plataformas de mensajería urbana y distribución de alimentos ya no se limita a la logística de entregas y la generación de ingresos diarios. En el último tiempo, estas aplicaciones se han consolidado como un canal de financiamiento alternativo, especialmente para un sector de trabajadores independientes que, al carecer de un historial crediticio convencional, se encuentra excluido del sistema bancario tradicional.

El destino principal de estos préstamos digitales suele estar asociado a la propia actividad laboral: la adquisición, recambio o reparación de motos y bicicletas. Sin embargo, este fenómeno creciente en el mercado laboral contemporáneo ha encendido las alarmas y abierto un debate en torno al sobreendeudamiento y al grado de subordinación que se genera entre las empresas tecnológicas y los repartidores.

El algoritmo como el nuevo "scoring" crediticio

Ante las barreras de la banca clásica, las plataformas diseñaron un esquema de evaluación de riesgo propio que prescinde de las metodologías habituales. Un informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) analizó el comportamiento de las fintech y billeteras virtuales dentro de la denominada "economía gig" —caracterizada por la digitalización de flujos monetarios y la flexibilidad de servicios de corto plazo—.

El organismo monetario destacó que los registros de transacciones digitales que acumulan los cadetes funcionan como una base de datos alternativa que reemplaza al análisis de antecedentes bancarios estándar. Para determinar la viabilidad de un crédito, las plataformas evalúan el comportamiento del usuario dentro de la interfaz:

·La antigüedad de la cuenta y el volumen de actividad.

·La tasa de aceptación de viajes.

·La valoración y puntajes otorgados por los clientes.

Las estadísticas del BCRA confirman la velocidad de esta expansión: la cantidad de deudores en este segmento se incrementó un 122% durante 2025, tras haber experimentado una suba del 177% entre 2023 y 2024. Los trabajadores independientes explican el 54% de los tomadores de estos préstamos y concentran el 62% del saldo total emitido. Hacia fines de 2025, el endeudamiento promedio de los monotributistas que operan en estas aplicaciones rondaba los $900.000 por persona.

Alianzas corporativas y reparos gremiales

La penetración de estos servicios financieros también abarca a los comercios adheridos y se ha estructurado mediante asociaciones de peso. Por caso, Banco Galicia formalizó un acuerdo con Rappi para brindar soluciones de cobro y financiamiento, mientras que PedidosYa reportó la emisión de 57.000 préstamos por un total de 84 millones de dólares entre comercios y repartidores (estos últimos con plazos máximos de seis meses y topes del 30% de sus ingresos proyectados).

Desde la perspectiva sindical, sin embargo, el escenario genera fuertes reparos. Belén D’Ambrosio, secretaria general del sector, advirtió sobre el impacto de las tasas de interés y señaló que el acceso al capital está directamente condicionado a una alta tasa de conectividad a la aplicación. Según describió, esta situación obliga a muchos repartidores a prolongar sus jornadas laborales hasta alcanzar turnos de 10 a 12 horas diarias para poder cubrir las cuotas del préstamo y los costos fijos de sus herramientas de trabajo, en un contexto donde los valores promedio de las entregas oscilan entre los $1.500 y $3.000.

Esta nueva dinámica del microcrédito expone una dualidad evidente en la economía de plataformas: funciona como una herramienta de auxilio financiero inmediato para sectores históricamente marginados por la banca formal, pero al mismo tiempo introduce nuevas presiones de productividad y permanencia para quienes dependen del algoritmo para generar su sustento diario.