Lo que comenzó como un acto de valentía civil terminó en una causa por defraudación y falso testimonio. Un repartidor en moto, identificado como Ocampo, pasó de ser el testigo estrella de un asalto a convertirse en el principal sospechoso de quedarse con un botín de 30 millones de pesos.
El incidente se originó el 30 de diciembre cerca del cementerio de Morón, cuando un empresario fue interceptado por "motochorros" que, tras romper el cristal de su vehículo, le arrebataron una bolsa con la millonaria suma.
Ocampo, que circulaba por la zona, no solo presenció el choque entre la víctima y los ladrones, sino que colaboró con la Policía señalando la ruta de escape de los delincuentes.
Sin embargo, mientras las patrullas perseguían a los sospechosos, el repartidor divisó algo que nadie más vio: la bolsa de dinero y un casco descartados en la vía pública.
En lugar de alertar a las autoridades, el hombre ocultó el botín entre sus pertenencias y, con un asombroso cinismo, se presentó en la comisaría minutos después para prestar declaración testimonial.
La ambición fue su perdición. En menos de 24 horas, el "testigo" utilizó 17 millones de pesos para adquirir una camioneta Honda HR-V de contado, poniéndola a nombre de su cuñado para evadir controles fiscales.
La investigación, apoyada en cámaras de seguridad, reveló los movimientos sospechosos del hombre en la escena del crimen, recogiendo elementos del suelo. Al ser detenido en su vivienda de Boulogne, Ocampo fue lapidario en su confesión informal: “Me tenté, pensé que era mi día”.
