La estabilidad de la alianza atlántica atraviesa su momento más crítico. Tras la reciente captura de Nicolás Maduro en territorio venezolano, la administración de Donald Trump ha girado su atención hacia el extremo norte, calificando la toma de Groenlandia como una "prioridad de seguridad nacional". La postura de Washington, que no descarta el uso de la fuerza, ha desatado un rechazo unánime en Europa y Canadá.
El planteo de la Casa Blanca: ¿Compra o incursión?
Desde Washington, las señales son mixtas pero agresivas. Mientras la portavoz Karoline Leavitt confirmó que el Pentágono evalúa opciones militares para asegurar las rutas marítimas árticas, el Secretario de Estado, Marco Rubio, intentó matizar la situación sugiriendo que el plan principal es una oferta de compra formal a Dinamarca.
Sin embargo, figuras clave del ala dura republicana, como Stephen Miller, han cuestionado abiertamente la legitimidad del control danés sobre la isla, asegurando que "nadie se atreverá a enfrentar militarmente a EE. UU." por este territorio.
La "Línea Roja" de Copenhague y el respaldo europeo
La respuesta de Dinamarca ha sido tajante. El canciller Lars Løkke Rasmussen calificó las pretensiones estadounidenses como una violación de la soberanía y una "línea roja" innegociable. Por su parte, la primera ministra Mette Frederiksen lanzó una advertencia letal para la diplomacia internacional: cualquier agresión armada de EE. UU. contra Groenlandia significaría la disolución inmediata de la OTAN.
Europa ha cerrado filas detrás de Dinamarca:
·Potencias aliadas: Líderes de Francia, Alemania, España, Italia, Reino Unido y Polonia emitieron un comunicado conjunto defendiendo la autodeterminación del pueblo groenlandés.
·Rechazo de Pedro Sánchez: El mandatario español calificó la intención de Trump como un "atropello" y aseguró que su país no será cómplice de amenazas contra la integridad territorial europea.
·Bloque Nórdico y Canadá: Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia, junto al primer ministro canadiense Mark Carney, ratificaron la inviolabilidad de las fronteras actuales.
El trasfondo del conflicto
Groenlandia, un territorio autónomo de 2,1 millones de kilómetros cuadrados con apenas 57.000 habitantes, se ha vuelto un punto estratégico vital debido al deshielo del Ártico y sus recursos naturales.
Desde la oposición estadounidense, el senador Bernie Sanders tildó la maniobra de "imperialismo puro", comparando la situación con las políticas coloniales de hace un siglo. La tensión escala mientras el gobierno groenlandés, liderado por Jens-Frederik Nielsen, exige que cualquier discusión se mantenga estrictamente por los canales diplomáticos, rechazando la retórica de fuerza impuesta por Washington.
