En un sorpresivo ajuste de la estrategia judicial, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reformuló los cargos contra el capturado Nicolás Maduro. Si bien la acusación por narcoterrorismo sigue firme, el nuevo documento fiscal marca un cambio de paradigma: ya no se describe a Maduro como el jefe de una organización criminal jerárquica, sino como el máximo responsable de un "sistema de corrupción y clientelismo" enquistado en el Estado.
El fin de un mito legal: ¿Qué pasa con el "Cartel de los Soles"?
La modificación más sustancial radica en la virtual desaparición del término "Cartel de los Soles" del expediente. Lo que durante años se utilizó como una etiqueta para definir a una supuesta estructura narco-militar, ahora es reconocido por la Fiscalía como una denominación coloquial (referida a las insignias de los generales venezolanos) y no como una entidad real con mandos y jerarquías tradicionales.
El término pasó de citarse en decenas de ocasiones a figurar apenas dos veces en el nuevo texto.
La justicia norteamericana ahora apunta a probar una "cultura de corrupción estatal" y lavado de activos, buscando una base probatoria más sólida que la de una estructura de cartel, cuya existencia física ha sido largamente cuestionada por especialistas.
Contradicciones políticas y diplomáticas
Este giro judicial genera un cortocircuito con la narrativa de la Casa Blanca y sus aliados:
El sábado pasado, el presidente estadounidense aseguró que la misión militar tenía como objetivo central "descabezar al Cartel de los Soles".
Países como Argentina y Paraguay habían designado a este grupo como "Organización Terrorista Extranjera" en 2025. El embajador argentino ante la OEA, Carlos Cherniak, ratificó el apoyo de la gestión de Javier Milei a la intervención, calificando aún a Maduro como líder de dicha organización, apenas horas antes de que la justicia de EE. UU. matizara su existencia.
Situación actual: Juicio en Nueva York y resistencia en Caracas
Mientras Maduro y Cilia Flores se declararon "no culpables" ante un tribunal federal de Nueva York —autodefiniéndose como "prisioneros de guerra"—, en Venezuela la situación es de extrema tensión.
La ahora mandataria encargada, Delcy Rodríguez, (quien cuenta con el visto bueno de Washington para la transición) rechazó cualquier injerencia externa y aseguró que el país se mantiene operativo.
Rodríguez rindió homenaje a quienes murieron durante los bombardeos previos a la captura del líder chavista y movilizó a sus seguidores para exigir la liberación del matrimonio Maduro.
Pese a que el "Cartel de los Soles" parece desvanecerse en los papeles judiciales, la presión sobre el exmandatario no cede, aunque ahora bajo un enfoque de crimen de guante blanco y corrupción sistémica en lugar de una estructura de narcotráfico convencional.
