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La gestión de la crisis ígnea en la Patagonia ha dejado al descubierto una nueva grieta estética y operativa en la cúpula del Gobierno nacional. Mientras el presidente Javier Milei enfrentaba una ola de cuestionamientos por utilizar representaciones digitales para referirse a la catástrofe, la vicepresidenta Victoria Villarruel optó por una presencia física en el territorio, trasladándose personalmente al Parque Nacional Los Alerces, uno de los focos más críticos de la provincia de Chubut.

Territorio vs. Inteligencia Artificial

El escenario quedó marcado por una disparidad de estrategias comunicacionales. El jefe de Estado fue duramente criticado tras la viralización de una imagen generada mediante Inteligencia Artificial, donde se lo veía de traje en un entorno de incendio, saludando a un bombero en una pose marcadamente artificial. La pieza digital fue percibida por amplios sectores como un intento fallido de suplir la ausencia presidencial en el lugar de los hechos, especialmente en un contexto donde el Ejecutivo es señalado por el recorte de partidas destinadas al manejo del fuego.

En un sentido opuesto, Villarruel arribó a la zona afectada para interiorizarse sobre la situación. Allí mantuvo un encuentro con el intendente del área protegida, Danilo Hernández Otaño, con el fin de relevar las necesidades operativas de las cuadrillas que combaten el avance de las llamas.

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Diferenciación política y austeridad comunicacional

Lo que llamó la atención de analistas políticos fue la deliberada decisión de la vicepresidenta de no sobreexponer su viaje en las redes sociales. Esta postura fue leída como un intento de distanciarse de la narrativa tecnológica de Milei, priorizando el contacto directo con las autoridades locales y el personal de emergencia por sobre el impacto visual de las plataformas digitales.

Aunque por cuestiones de agenda no se concretó una reunión con el gobernador Ignacio "Nacho" Torres, el gesto de Villarruel refuerza su perfil de interlocutora con las provincias y resalta su voluntad de marcar una agenda propia, más vinculada a la presencia institucional clásica que a la agitación digital que caracteriza al ala libertaria del Gobierno.