Un grupo de manifestantes exigió en Buenos Aires la erradicación de villas y el endurecimiento de leyes migratorias. Mientras tanto, en Salta, el cruce fronterizo se vuelve una trampa económica para los locales tras la crecida del Río Bermejo.
La Plaza de Mayo fue escenario este sábado de una movilización que, aunque reducida en número, captó la atención por la agresividad de sus consignas. Bajo el lema "Argentina para los argentinos", los manifestantes centraron sus reclamos en la población proveniente de países vecinos.
Cifras bajo la lupa y consignas excluyentes
La marcha se caracterizó por el uso de cartelería con datos estadísticos de dudosa procedencia. Una de las pancartas más replicadas en redes sociales aseguraba que el 69% de los habitantes de villas en Buenos Aires son extranjeros, desglosando porcentajes de ciudadanos paraguayos, bolivianos, peruanos y chilenos que, sumados, superan ampliamente el 100%, lo que encendió alarmas sobre la veracidad de la información difundida.
Los puntos centrales del reclamo incluyeron:
·Deportación masiva de extranjeros con antecedentes o en situación irregular.
·Arancelamiento de los servicios de salud y educación para no residentes.
·Revisión de la Ley de Migraciones para restringir el ingreso desde países limítrofes.
El contraste: La dura realidad en Aguas Blancas
Mientras en la Capital Federal el debate se torna ideológico, en el norte del país la migración y el cruce de fronteras es una cuestión de supervivencia y cotidianeidad. Esta semana, la tensión se trasladó al paso entre Aguas Blancas (Salta) y Bermejo (Bolivia).
Debido a la fuerte crecida del Río Bermejo, decenas de trabajadores y vecinos que habitualmente cruzan en "chalanas" se vieron obligados a regresar por el paso internacional terrestre. Al intentar sellar su ingreso, se encontraron con una medida punitiva: Migraciones de Bolivia aplicó multas de 300 bolivianos (una suma considerable para los trabajadores de frontera) bajo la amenaza de prohibirles el ingreso al país vecino por tres años si no abonaban en el acto.
Un debate de dos realidades
El contraste es evidente. Por un lado, un sector de la sociedad civil en Buenos Aires pide "cerrar las puertas" basándose en prejuicios y datos no oficiales. Por otro, en las provincias fronterizas, la rigidez de las normas migratorias no afecta a un "otro" lejano, sino a una red de comercio y trabajo que sostiene la economía regional de ambos lados de la frontera.
