El sector energético estratégico del país atraviesa una jornada de fuertes turbulencias. Demian Reidel, una de las figuras de mayor confianza del presidente Javier Milei, presentó su renuncia este lunes a la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa estatal que opera las centrales nucleares Atucha I, Atucha II y Embalse.
Su salida se produce en un escenario de extrema debilidad institucional, cercado por investigaciones que cuestionan la transparencia de su administración.
Las denuncias que precipitaron la caída
El mandato de Reidel, que comenzó en abril de 2025, se vio opacado en las últimas semanas por una serie de revelaciones que generaron indignación tanto en los sectores sindicales como en la auditoría interna:
·Sobreprecios tecnológicos: La lupa judicial está puesta sobre un contrato de tecnología que sufrió una escalada inexplicable, pasando de u$s 600.000 a u$s 7 millones.
·Gestión financiera personal: Se investigan sospechosas cancelaciones de deudas personales por montos millonarios que podrían no coincidir con los ingresos declarados del funcionario.
·Irregularidades en licitaciones: El clima de tensión ya había provocado la suspensión previa de otros directivos por maniobras poco claras en las contrataciones de servicios críticos para las centrales.
El nuevo Directorio: Operativo "Normalización"
Tras la dimisión, se convocó de urgencia a una Asamblea de Accionistas para cubrir el vacío de poder y garantizar que la operación de las centrales no se vea comprometida por la crisis política.
La conducción de la compañía quedará ahora en manos de Juan Martín Campos, quien asume la presidencia con el desafío de estabilizar la estructura de gobierno corporativo. Lo acompañará Martín Porro en la vicepresidencia, junto a un equipo de directores titulares integrado por Diego Chaher, Diego Garde y Javier Grinspun.
Impacto en el entorno presidencial
La salida de Reidel no es un movimiento menor para el Gobierno. Al ser uno de los colaboradores más estrechos del círculo presidencial, su retiro bajo sospechas de mala praxis administrativa abre un debate profundo sobre el control de las empresas públicas y la transparencia en áreas estratégicas. El nuevo equipo liderado por Campos tendrá la difícil tarea de sanear la imagen de la compañía y restaurar la confianza con los proveedores y el personal técnico del sector nuclear.
