El cierre de la emblemática planta de neumáticos FATE ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en el espejo donde se mira el empresariado argentino. Lo que en los pasillos industriales se comenta con crudeza es que no estamos ante el final de una crisis, sino ante el inicio de una fase de depuración mucho más profunda. Con más de 22.000 empresas que ya han bajado sus persianas desde el cambio de gestión, el sector productivo advierte que el 2026 podría normalizar las quiebras y los ceses de operaciones.
Los dos frentes de la pinza industrial
El diagnóstico del sector privado coincide en una presión doble que está asfixiando la capacidad de maniobra de las plantas:
El desplome del consumo interno: La recesión ha limado el poder de compra, dejando a las fábricas con stocks inmovilizados y estructuras de costos imposibles de sostener.
La apertura y la competencia externa: La llegada de productos importados, especialmente desde China, encuentra a una industria local debilitada por la carga tributaria y la falta de financiamiento. Aquellas firmas que han resistido hasta hoy son, según los CEOs del sector, las que tenían mayores reservas, pero ese "colchón" financiero se está agotando.
El fantasma de los años 90 y el riesgo social
Existe una preocupación creciente por la similitud de este escenario con el proceso de desindustrialización de finales del siglo pasado. Los líderes fabriles alertan sobre una posible "concentración de capital" donde, tras la estabilización de la macroeconomía, las empresas locales queden a precio de remate para capitales extranjeros o fondos de inversión.
A diferencia de otras épocas, hoy los dueños de PyMEs están anticipando los cierres para resguardar el patrimonio familiar antes de llegar a una bancarrota total. En regiones clave como el cordón industrial de Santa Fe o el Gran Buenos Aires, la morosidad impositiva y las tasas de interés prohibitivas están forzando decisiones drásticas.
Un reclamo que nace en las bases
La tensión ya no es solo con los sectores opositores tradicionales. La Unión Industrial de Berazategui, un termómetro real del conurbano, ha manifestado formalmente su inquietud ante el Gobierno. El mensaje es directo: el modelo exclusivamente extractivista no alcanza para sostener el tejido social. Sin un plan de desarrollo que contemple a la metalmecánica y al sector textil, el riesgo de un desempleo masivo podría convertirse en el principal obstáculo político del programa económico vigente.
Las cifras respaldan este clima de pesimismo: informes recientes confirman que la caída en el número de empleadores es la más severa de las últimas dos décadas, afectando a casi todas las provincias del país. Para el "círculo rojo", el éxito en la baja de la inflación tiene un costo que el sector manufacturero ya no puede seguir financiando con recursos propios.
