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El ataque conjunto de EE. UU. e Israel contra objetivos en Irán, sumado a las amenazas de Teherán hacia aliados occidentales como Emiratos Árabes, ha generado una ola de inestabilidad financiera. Mientras las bolsas globales operan en rojo, el petróleo y el oro se consolidan como los refugios predilectos ante la incertidumbre.

Los mercados financieros internacionales han reaccionado con una marcada volatilidad este lunes tras el inicio de una ofensiva militar en territorio iraní. La posibilidad de un conflicto prolongado —estimado por analistas de inteligencia entre dos y cinco semanas— ha forzado a los inversores a desprenderse de activos de riesgo y refugiarse en materias primas y metales preciosos.

El desplome de las bolsas internacionales

Los principales índices bursátiles del mundo reflejaron el temor a una contracción económica global derivada del conflicto:

·Estados Unidos: Wall Street sufrió retrocesos significativos, con el Nasdaq cayendo un 1,29% y el Dow Jones un 1,06%.

·Europa: La región fue la más afectada por la cercanía geográfica y la dependencia energética. El DAX alemán lideró las pérdidas con una caída del 2,82%, seguido por el Euro Stoxx (-2,58%) y el CAC francés (-2,21%).

·Asia: Hong Kong y Japón cerraron con bajas superiores al 1,3%. La excepción fue Shanghái, que registró una leve suba del 0,47% mientras China mantiene una postura de cautela diplomática.

Petróleo y Oro: Los activos en llamas

La mayor preocupación de los analistas reside en el Estrecho de Ormuz, un paso clave para el suministro mundial de energía que Irán ha amenazado con bloquear. Esta tensión provocó una reacción inmediata en los precios de los combustibles:

·Crudo Brent: Los futuros se dispararon un 8,9%, alcanzando los 79,33 dólares por barril.

·WTI (EE. UU.): Registró un incremento del 7,94%, superando los 72,35 dólares.

·Metales: El oro escaló un 2% hasta los 5.392,13 dólares por onza, alcanzando su valor máximo en un mes, mientras que la plata avanzó un 1,48%.

Por el contrario, el Bitcoin mostró su faceta de activo volátil. Tras un derrumbe inicial hacia los 63.000 dólares, logró estabilizarse por encima de los 66.000, dejando dudas sobre su capacidad real para actuar como reserva de valor en contextos de guerra.