La apertura de sesiones ordinarias no solo dejó definiciones políticas, sino que expuso la fría relación entre las figuras centrales del oficialismo. Entre bloqueos físicos en la alfombra roja y elogios presidenciales que incomodan, la interna en la cúpula libertaria quedó bajo la lupa.
BUENOS AIRES – El protocolo del Congreso suele ocultar las diferencias políticas bajo la formalidad, pero la última Asamblea Legislativa fue la excepción. La jornada estuvo marcada por gestos de distanciamiento y una sorda disputa por la proximidad al Presidente que tuvo como protagonistas a la Vicepresidenta de la Nación y a la Secretaria General de la Presidencia.
La llegada de Victoria Villarruel al recinto ya anticipaba el clima: un silencio absoluto por parte de los legisladores oficialistas marcó su ingreso a las 20:07, un contraste notable con la ovación que recibió Martín Menem minutos después.
Sin embargo, el momento de mayor tensión física ocurrió en las escalinatas. Mientras la comitiva avanzaba hacia el recinto, Karina Milei intentó posicionarse a la par de su hermano. En un movimiento que testigos parlamentarios describieron en términos futbolísticos, la Vicepresidenta utilizó su cuerpo para cerrarle el paso, obligando a la Secretaria General a marchar un paso por detrás. El rictus en el rostro de "El Jefe" durante el trayecto evidenció la profundidad de una fractura que incluye disputas por cargos en el Senado y diferencias de criterio sobre reformas judiciales.
Si el cruce con Villarruel fue físico, el desafío planteado por Patricia Bullrich fue político y discursivo. Durante su mensaje, Javier Milei dedicó un reconocimiento explícito a la labor de la senadora, validando su gestión legislativa y su lema de seguridad: "El que las hace las paga".
Este respaldo presidencial no es un detalle menor para la interna de Balcarce 50:
Bullrich logró articular una mayoría de 44 senadores para aprobar leyes clave como la reforma laboral y la baja en la edad de imputabilidad.
El crecimiento de la figura de Bullrich colisiona con los planes de Karina Milei para la Ciudad de Buenos Aires, donde la Secretaria General impulsa la candidatura de Manuel Adorni.
La senadora ha demostrado una sintonía con la agenda de la Casa Rosada que la posiciona como una aliada estratégica, incluso a pesar de las resistencias en el círculo íntimo del Presidente.
Un escenario de derrotas cruzadas
La jornada del 1° de marzo ratificó una tendencia que ya se había visto en la sesión preparatoria de la semana pasada: una alianza táctica entre Villarruel y Bullrich que parece ganarle terreno a la influencia de Karina Milei en el ámbito legislativo.
Mientras el oficialismo celebra los logros en su agenda parlamentaria, la convivencia en la cima del poder parece sostenerse sobre un equilibrio cada vez más precario, donde cada paso y cada mención en un discurso se contabiliza como una victoria o una derrota en la guerra de influencias.
