
El jefe de Estado recurrió a una llamativa comparación para respaldar la desregulación del comercio exterior. Las declaraciones, en las que relativizó la matriz industrial del país, despertaron amplios cuestionamientos.
El presidente Javier Milei protagonizó una nueva controversia al justificar su política de apertura de importaciones mediante una descripción minimalista del entramado productivo nacional. Durante un reportaje radial, el mandatario tildó de “imbecilidad” las objeciones normativas hacia la adopción de mecanismos externos de control fiscal —como el concepto de shutdown estadounidense—, argumentando que rechazar herramientas por no ser autóctonas carece de lógica económica.
Para sostener su postura, Milei apeló primero al ejemplo de una de las economías más ricas de Europa, señalando que si Suiza limitara su consumo a lo que produce localmente, su población se vería seriamente afectada debido a que su producción se asocia globalmente al chocolate.
Acto seguido, el mandatario trasladó el paralelismo al contexto local, omitiendo sectores estratégicos como la industria satelital o los desarrollos de energía nuclear. En su lugar, redujo el potencial de fabricación e innovación argentino a elementos icónicos tradicionales. Bajo esa premisa, afirmó que si el país se cerrara al mundo, la sociedad local solo consumiría dulce de leche, lo que provocaría graves problemas de salud pública, y que la actividad se limitaría a trasladarse en colectivo utilizando biromes, concluyendo que la economía nacional no cuenta con mayores alternativas productivas.
La llamativa simplificación generó inmediatas reacciones de rechazo en diversos sectores productivos y políticos.
