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La reciente gira internacional del gobernador bonaerense Axel Kicillof por los Estados Unidos tuvo un trasfondo gestado meses atrás.

La posibilidad de concretar un desayuno de alto nivel en la residencia oficial de Gracie Mansion comenzó a tomar forma en abril de este año, durante la participación del mandatario en la Movilización Global Progresista celebrada en Barcelona. Allí se le adelantó la invitación formal por parte del alcalde neoyorquino, Zohran Mamdani, quien aprovechó el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas para ejercer de anfitrión de figuras de peso global como el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez; el titular del Consejo Europeo, António Costa; y la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley.

 

El selecto encuentro reunió a cerca de cuarenta invitados y dejó abiertas líneas de trabajo conjunto. Tras las exposiciones, el propio Mamdani solicitó que los equipos técnicos de ambas gestiones mantuvieran contacto para intercambiar experiencias de gestión, un cometido que recayó sobre la comitiva bonaerense integrada por el ministro de Gobierno, Carlos Bianco; el titular de Economía, Pablo López; el subsecretario de Relaciones Internacionales, Juan Manuel Padín; y la asesora Cecilia Nicolini.


Una agenda bonaerense con proyección nacional y el debate por el futuro político


Si bien Kicillof arribó a Nueva York focalizado en su rol institucional como gobernador —sosteniendo reuniones con inversores, bonistas y ámbitos académicos—, la intensa dinámica de las 37 horas que duró su estadía excedió los límites estrictos de la administración provincial. En los distintos cónclaves se colaron inevitables ejes de la macroeconomía nacional, las tratativas de deuda, las perspectivas de inversión y las especulaciones en torno al escenario político de cara a 2027, un terreno donde el mandatario bonaerense acaparó inevitables lecturas y miradas de reojo desde la escena central de la política argentina.