Un reciente informe del centro de estudios MATE revela la magnitud del recorte sobre la clase pasiva. Con haberes que solo cubren una tercera parte de la canasta básica y una pérdida acumulada millonaria por beneficiario, el sistema previsional se consolida como el principal pulmón del superávit oficial.
La política económica de la administración actual ha encontrado en el sistema previsional su mayor fuente de ahorro. Según datos procesados por el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), las jubilaciones y pensiones han sufrido un recorte real de 16,5 billones de pesos, transformándose en el pilar del ajuste fiscal del Gobierno. Esta cifra no es solo una estadística macroeconómica; se traduce en una pérdida de poder adquisitivo que ha empujado a más de un millón de adultos mayores por debajo de la línea de pobreza.
Números que alarman: el poder de compra en picada
El deterioro del ingreso no parece ser un bache temporal, sino un fenómeno estructural consolidado por el DNU 274/2024. Al quedar los haberes atados exclusivamente a la inflación tras el shock devaluatorio inicial, el sistema impide cualquier tipo de recuperación del terreno perdido.
·Pérdida por beneficiario: Se estima que, en promedio, cada jubilado dejó de percibir 4,8 millones de pesos desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
·Brecha de subsistencia: Mientras la Canasta de Consumo para Adultos Mayores alcanzó los $1.359.675 en noviembre, el haber mínimo (incluyendo el bono congelado) apenas roza los $420.000. Esto significa que un jubilado de la mínima necesita tres haberes enteros para cubrir sus necesidades básicas.
·Haber medio: Se ubica actualmente un 23% por debajo de los niveles registrados en diciembre de 2023.
El costo de vida: Medicamentos y servicios en alza
A diferencia de otros sectores, el gasto de los adultos mayores está concentrado en rubros con alta inflación propia. Los medicamentos, esenciales para esta franja etaria, han mostrado subas por encima del índice general, destacándose aumentos en analgésicos y psicofármacos.
A esto se suma el peso de los servicios del hogar (luz y gas) y el rubro alimentario, que combinados superan ampliamente la capacidad de pago de quienes perciben la mínima. Esta asfixia financiera ha derivado en un fenómeno peligroso: el endeudamiento para el consumo. La morosidad en préstamos personales y tarjetas de crédito ha alcanzado picos del 9,1% y 7,4% respectivamente, reflejando que las familias ya no pueden cubrir la canasta básica ni siquiera recurriendo al crédito.
Proyecciones 2026: ¿Qué esperar del nuevo Presupuesto?
A pesar de las promesas de reactivación, el Presupuesto 2026 aprobado recientemente no vislumbra un alivio para el sector. El análisis de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) advierte sobre un punto crítico: el congelamiento del bono de $70.000.
Al mantenerse este refuerzo sin actualizaciones por tercer año consecutivo, se estima que la jubilación mínima sufrirá una caída real adicional del 0,6% durante 2026. El "ahorro" estatal, que ya suma 100,8 billones de pesos en total desde el cambio de gestión, seguirá alimentándose del estancamiento de los ingresos mínimos.
Hacia un nuevo modelo previsional
El informe también pone la lupa sobre la denominada "modernización laboral". El proyecto oficial propone reducir contribuciones patronales y redireccionar fondos de ANSES hacia un fondo de indemnizaciones. Para especialistas del Instituto de Economía y Finanzas (IEF), este movimiento no es azaroso: el desfinanciamiento sistemático de la seguridad social podría ser el preludio para justificar una futura privatización del sistema, bajo el argumento de un déficit que el propio ajuste está profundizando.
En detalle: Para una persona mayor de 75 años que vive sola, el costo de vida mínimo se estima en $746.271, una cifra que duplica los ingresos actuales de los jubilados más vulnerables.
