La salud pública argentina enfrenta un desafío creciente ante el avance de la sífilis, consolidada hoy como la infección de transmisión sexual (ITS) de mayor prevalencia en el país. Durante el último año, las estadísticas oficiales contabilizaron más de 55.000 contagios a nivel nacional, una cifra que refleja una problemática profunda en las conductas de prevención.
La situación en Neuquén: datos y desmentidas
En el ámbito local, la provincia de Neuquén reportó un salto cuantitativo: de los 400 casos detectados en 2024 se pasó a un rango de entre 600 y 700 diagnósticos en 2025.
Desde la Subsecretaría de Salud provincial, la Dra. Luciana Moya aclaró que, si bien el incremento es real, Neuquén no lidera los rankings de incidencia como indicaban versiones preliminares, sino que su curva de contagios evoluciona de manera similar al resto de las jurisdicciones argentinas.
El perfil del contagio: jóvenes en riesgo
El segmento comprendido entre los 15 y 25 años representa el foco de mayor preocupación para las autoridades. Según los especialistas, el factor determinante es la baja percepción de riesgo y la falta de uso sistemático del preservativo.
"No se trata de falta de información sobre el método de barrera, sino de la dificultad para que la población joven lo adopte de forma correcta en cada relación", señalan los expertos, instando a un abordaje conjunto entre Salud, Educación y áreas de Juventud.
Una enfermedad "engañosa": síntomas y consecuencias
Uno de los mayores peligros de la sífilis es su capacidad para ocultarse. Sus señales pueden confundir al paciente:
·Lesiones fugaces: Aparecen úlceras no dolorosas en genitales o boca y manchas en la piel que desaparecen espontáneamente.
·Falsa curación: El hecho de que los síntomas externos se desvanezcan no implica que la infección haya cesado.
·Riesgos crónicos: Sin la intervención médica adecuada, la bacteria puede avanzar silenciosamente durante años, dañando el corazón y el sistema nervioso.
La solución: diagnóstico y penicilina
A pesar de su gravedad potencial, la sífilis es totalmente curable. El tratamiento estándar sigue siendo la penicilina, cuya administración es eficaz pero depende de una detección temprana.
Para frenar la escalada, el sistema sanitario apunta a fortalecer la Educación Sexual Integral (ESI) y a mantener la problemática visible en la agenda pública, recordando que el testeo es la única forma de interrumpir la cadena de transmisión de una patología que, en muchos casos, no presenta síntomas visibles.
