La situación es de "máxima tensión". El frente sur, proveniente de Los Alerces, y el frente norte, desde el cañadón de Epuyén, rodean el ejido urbano de la pequeña localidad de Chubut. Vecinos evacúan animales a contrarreloj mientras la Ruta 71 permanece cerrada por seguridad. Hay reclamos por falta de apoyo. 


La localidad de Cholila vive sus horas más dramáticas en años. Lo que comenzó como una amenaza forestal se ha transformado en una emergencia habitacional y productiva.

Según las últimas informaciones, el comportamiento extremo de las llamas ya habría provocado la destrucción de al menos una vivienda, mientras los dos grandes focos de incendio avanzan de forma simultánea cercando los accesos principales.

El mapa del desastre: dos frentes activos

El operativo de combate, que cuenta con casi 500 personas en terreno, enfrenta un incendio que ataca desde dos direcciones:

1.Frente Sur: Ingresó desde el Parque Nacional Los Alerces, afectando gravemente la zona de Villa Lago Rivadavia con dimensiones gigantescas.

2.Frente Norte: Avanza por un cañadón detrás de Epuyén hacia el paraje El Blanco. Este foco ya recorrió sectores de Puerto Patriada y El Hoyo, y ahora se encuentra dentro de la jurisdicción de Cholila.

Evacuaciones y pérdida de producción

La desesperación de los pobladores se traduce en imágenes de vecinos retirando animales de las zonas de veranadas para evitar que sean alcanzados por el fuego. Además del riesgo sobre las viviendas, el impacto en la economía local es incalculable debido a la pérdida de campos de pastoreo y ganado.

El combate se sostiene en gran medida gracias al esfuerzo de voluntarios y habitantes locales, quienes trabajan codo a codo con los brigadistas en un terreno donde el viento y la sequedad extrema han obligado, por momentos, a retirar los medios aéreos y replegar al personal por seguridad.

Rutas cortadas y aislamiento

La Ruta Provincial N.º 71 continúa con corte total en su empalme con la Ruta Nacional 40. Esta medida, aunque necesaria para proteger la vida de las personas, genera un aislamiento logístico que dificulta la llegada de asistencia y recursos críticos hacia la zona de desastre.

Las condiciones meteorológicas no dan tregua: vientos intensos y temperaturas que no bajan mantienen el comportamiento del fuego en niveles "impredecibles".