Imagen
Mailén Cofré tiene 25 años y está a punto de recibirse de psicóloga. En un viaje que conectó su historia familiar con sus propios desafíos mentales, logró hacer cumbre en el volcán más alto de la Patagonia.

ANDACOLLO – Hay cumbres que se alcanzan con las piernas y otras que se conquistan con la mente. Para Mailén Cofré, nacida y criada en la calidez de Andacollo, subir al Volcán Domuyo (4.709 msnm) no fue solo un reto deportivo, sino un acto simbólico de transformación personal. A sus 25 años, y cursando el último año de la Licenciatura en Psicología en San Rafael, Mendoza, Mailén decidió que el 2026 sería el año de saldar cuentas pendientes con la montaña y con ella misma. Cumplió el 23 de enero pasado cuando hizo cumbre.

Imagen

Un desafío contra los miedos

La expedición al "Techo de la Patagonia" puso a prueba la templanza de la futura psicóloga. "En la montaña no hay forma de escapar de una misma: aparecen los miedos, las dudas, las trabas mentales que a veces nos ponemos sin darnos cuenta", relató Mailén tras el descenso.

Para ella, cada metro ganado sobre el terreno volcánico fue una lección de introspección. El clima impredecible y la falta de oxígeno fueron el escenario donde tuvo que aplicar la paciencia y la confianza, incluso cuando el agotamiento invitaba a rendirse.

Imagen

Honrar el legado de Francisco

Más allá de la meta personal, el ascenso tuvo un motor emocional muy profundo: su padre, Francisco. Pionero en la zona, sus relatos de montaña marcaron la infancia de Mailén y sus hermanos, Sol y Marcos.

"Estar en la cumbre fue también honrar ese legado, esas charlas y esa pasión que mi papá me transmitió", explicó con emoción. Para la joven, el encuentro en la cima fue triple: un encuentro con su historia familiar junto a sus padres Mabel y Francisco, un cierre de etapas que concluyen en su carrera y la confirmación de que los sueños postergados tienen su momento exacto de maduración.

2026: El año de los cierres

Mientras promedia su último año de formación profesional en Mendoza, Mailén ve en el Domuyo el reflejo de su propia evolución. El ascenso funcionó como una metáfora del "soltar" para poder construir. "Me prometí que este era el año para hacerlo, como un acto simbólico de miedos que dejo atrás y decisiones que me animan a crecer", concluyó.

Hoy, de regreso a sus estudios, Mailén no solo trae consigo la satisfacción de haber hecho cumbre, sino la certeza de que las trabas mentales se vencen con un paso a la vez, ya sea en la pendiente de un volcán o en el camino hacia el título universitario.