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Para muchos, la jubilación es el destino final de una vida de esfuerzo; para Silvia Maggio, de 72 años, fue apenas el prólogo de su mayor desafío. Después de transitar por la enfermería y la psicología, Silvia descubrió que las propuestas tradicionales para la tercera edad —viajes grupales, gimnasia y tardes de televisión— no lograban calmar su inquietud intelectual. Su respuesta a ese vacío fue contundente: se inscribió en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y hoy ostenta su título de abogada.

Contra el diagnóstico de la "rutina pasiva"

"No le encontraba sentido a resignarme a vivir como jubilada", confesó Silvia en una charla reciente. Su historia no es solo la de un logro académico, sino una crítica frontal a los límites que la sociedad impone a los adultos mayores. Según relata, la decisión de estudiar abogacía fue el rescate de una materia pendiente, impulsada por una convicción inquebrantable: las barreras mentales suelen ser más rígidas que las biológicas.

Para lograrlo, Silvia aplicó una disciplina estricta. Reemplazó los juegos de celular y las suscripciones de streaming por libros de leyes y códigos. Su determinación la llevó a rendir hasta cinco materias por cuatrimestre, completando la carrera en el tiempo previsto, con la única interrupción que impuso la pandemia por falta de conectividad en su hogar.

El aula como puente generacional

Uno de los aspectos más vitales de su experiencia fue la integración con estudiantes décadas más jóvenes. Lejos de sentirse fuera de lugar, Silvia se convirtió en un nexo entre la experiencia histórica y la energía juvenil. "Fue una inyección de vida", asegura al recordar las tardes de estudio compartido. Sus compañeros no solo la aceptaron, sino que buscaron en ella esa perspectiva que solo dan los años.

Sin embargo, el camino no estuvo libre de críticas. Incluso dentro de su círculo íntimo, surgieron voces que cuestionaban el sentido de tal esfuerzo a su edad. "Me decían que estaba loca", recuerda con humor. Su nieta Jesica, quien hoy la define como la "primera rebelde" de la familia, admite que aunque inicialmente temieron por el desgaste físico que implicaba viajar en colectivo con bastón, Silvia demostró que su voluntad era más fuerte que cualquier obstáculo geográfico o climático.

Educación pública y futuro

Silvia destaca el rol fundamental de la universidad estatal, señalando que la UNLaM le brindó desde apuntes hasta asistencia para el transporte a través de la tarjeta SUBE. Para ella, el sistema ofrece las herramientas; solo hace falta la constancia de "ir, no faltar y leer mucho".

Lejos de colgar el diploma y retirarse a descansar, la nueva abogada ya tiene la mirada puesta en el horizonte: Ciencias Políticas. Su mensaje para quienes dudan es simple pero potente: el aprendizaje no tiene fecha de vencimiento y la felicidad personal está en seguir planteando problemas y discutiendo teorías, mucho más allá de lo que dictan los prejuicios sociales.