Imagen
La Región de La Araucanía fue escenario de un encuentro que cruza la historia decimonónica con el presente territorial. Antonio V, descendiente y actual representante de la casa real vinculada al Reino de la Araucanía y la Patagonia, llevó adelante una gira por el sur de Chile, reactivando el legado del aventurero francés Orélie Antoine de Tounens, quien en 1860 fuera proclamado monarca por líderes mapuches de la época.

Un itinerario entre la academia y el territorio

La visita de Antonio V no fue meramente turística, sino que estuvo cargada de simbolismo político e histórico. Su paso por la región incluyó paradas estratégicas para dialogar con las autoridades tradicionales de la zona:

·Diálogo cultural: En Temuco, visitó el Museo Regional y encabezó reuniones con diversos Lonkos y Werken, reforzando el vínculo histórico que la corona francesa pretendió establecer hace más de un siglo.

·Debate histórico: En la ciudad de Victoria, participó de un Nutramkan (espacio de conversación) en la Universidad Arturo Prat, centrado en el Tratado de Tapihue, un documento clave para la autonomía territorial.

·Regreso a la "capital": El heredero se trasladó a Perquenco, localidad que en el siglo XIX fue designada como la capital administrativa de aquel efímero reino.

El periplo hacia la cordillera

La agenda de la delegación real se extiende hacia las zonas cordilleranas de Melipeuco y Lonquimay, para culminar con encuentros en Coñaripe. Esta gira ha despertado una mezcla de curiosidad académica y debate social, volviendo a poner sobre la mesa uno de los capítulos más singulares y controvertidos de la historia chilena.

Más allá del protocolo, la presencia de Antonio V busca visibilizar una tradición que, aunque para muchos es una curiosidad histórica, para otros representa un antecedente de la relación diplomática entre Europa y los pueblos originarios del Cono Sur.