
El referente del sector ganadero Dardo Romano señaló que las ventas en mostradores retrocedieron hasta un 15%. Atribuyó el fenómeno a la pérdida del poder de compra y a la escasez de hacienda, un problema estructural que prevé subsanar recién en el mediano plazo.
SALTA – El mercado de la carne vacuna en el territorio nacional exhibe síntomas de un profundo reordenamiento forzado por la coyuntura económica y productiva. En declaraciones radiales a la emisora Aries, el empresario de la carne Dardo Romano detalló que el expendio en carnicerías se ubica actualmente entre un 10% y un 15% por debajo de los volúmenes tradicionales que caracterizan a un período normal.
El comerciante describió que el impacto inflacionario y el deterioro de los ingresos familiares se perciben de manera nítida en los comercios de barrio, especialmente durante el último tramo de cada mes, período en el cual la capacidad de compra de los clientes se reduce significativamente. Este escenario provocó una modificación en la dieta de los consumidores, quienes comenzaron a sustituir los cortes vacunos por alternativas de menor costo, volcándose de manera creciente hacia la carne porcina y aviar.
El largo proceso para recomponer la ganadería
De acuerdo con el diagnóstico del empresario, la contracción del mercado interno posee una doble explicación: por un lado, la merma del poder adquisitivo y, por el otro, la escasez en la oferta de animales en pie. Esta falta de hacienda responde a que el sector ganadero inició una etapa de retención de vientres, una estrategia técnica orientada a poblar nuevamente los campos tras ciclos anteriores marcados por la liquidación de rodeos.
Romano advirtió que los resultados de esta retención demorarán en materializarse de manera masiva:
·Plazo de recuperación: Se estima que el stock bovino nacional requerirá entre tres y cuatro años para volver a niveles óptimos.
·Antecedentes del sector: El referente atribuyó la escasez actual a esquemas comerciales previos que forzaron precios artificialmente deprimidos en el eslabón primario, desincentivando la inversión del productor ganadero.
A su vez, indicó que los valores en el mostrador local tienden a acoplarse a las cotizaciones de los mercados internacionales, lo que amplía la brecha con los salarios internos y consolida al pollo y al cerdo como opciones preferenciales por su accesibilidad económica.
El impacto en los números de faena y el comercio minorista
La encrucijada del sector se refleja de manera directa en las variables macro del negocio. Romano puntualizó que la faena general en los frigoríficos sufrió un descenso cercano al 10%, un correlato directo de la baja en la demanda. Asimismo, el consumo histórico por habitante sintió el impacto de la crisis, desplomándose desde la franja de los 50 o 51 kilos anuales por persona hasta un promedio actual que apenas ronda los 45 kilos.
Finalmente, el empresario trazó un panorama sombrío sobre el sector minorista, explicando que las carnicerías operan bajo un modelo que exige una rotación veloz y constante de mercadería para cubrir márgenes estrechos. Frente al actual enfriamiento de las ventas, los comercios deben lidiar de forma simultánea con el incremento continuo de los costos de los servicios públicos, las cargas tributarias y las paritarias laborales, factores que vuelven cada vez más compleja la sostenibilidad económica de los locales comerciales.
