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La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) declaró formalmente el inicio del fenómeno meteorológico de El Niño, tras constatar la consolidación de anomalías térmicas en el océano Pacífico ecuatorial.

Los modelos predictivos de la agencia estadounidense encendieron las alarmas de la comunidad científica internacional al proyectar un 63% de probabilidad de que el evento derive en una intensidad "muy fuerte" entre noviembre de este año y enero del próximo, lo que podría posicionarlo como uno de los episodios más poderosos registrados desde 1950.

A pesar del alcance global del monitoreo de la NOAA, la declaratoria formal no activa de manera automática los protocolos de emergencia locales en América Latina. Cada país cuenta con instituciones técnicas encargadas de evaluar la manifestación directa del fenómeno sobre sus territorios antes de oficializarlo.

En Colombia, dicha facultad recae sobre el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam); en Perú es coordinada por el Comité Multisectorial Enfen, y en Ecuador es competencia del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi). Estas dependencias estatales utilizan los datos del organismo estadounidense como un sistema de alerta temprana, pero supeditan sus declaraciones a los cambios efectivos en los patrones de viento y regímenes de lluvias de sus propias jurisdicciones.

Un factor de especial preocupación para los climatólogos es que este nuevo ciclo cíclico —que suele presentarse cada dos a siete años y extenderse entre nueve meses y un año— se desenvuelve en un escenario preexistente de calentamiento global alimentado por las emisiones de combustibles fósiles.

Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático del observatorio europeo Copernicus, coincidió con el diagnóstico y señaló a la agencia AFP que las proyecciones indican un evento de "fuerte a récord". Debido a que el calor absorbido por el océano se transfiere de manera gradual a la atmósfera, los especialistas anticipan que los impactos térmicos globales se agudizarán de cara al próximo año, abriendo la clara posibilidad de que el año 2027 establezca un nuevo récord histórico como el año más cálido jamás registrado en el planeta.

Las derivaciones de un fenómeno de magnitud considerable ya generan advertencias que exceden lo estrictamente meteorológico. Desde el ámbito socioeconómico, Mohamed Adow, director del centro de estudios Power Shift Africa, advirtió que el pronóstico constituye una amenaza directa para la seguridad alimentaria en regiones vulnerables, traduciéndose potencialmente en la pérdida de cosechas, sequías severas en la Amazonía y el consecuente encarecimiento de los alimentos básicos.

La gravedad de las proyecciones motivó un pronunciamiento del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, quien instó a las administraciones globales a robustecer sus sistemas de contingencia, ampliar los sistemas de alerta temprana y acelerar la transición energética: “Las condiciones de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta”, sentenció.