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Por: Cristian Frers
Actualmente existen en la Argentina diversas realidades en cuanto al manejo de residuos sólidos urbanos (RSU). Siendo el manejo de residuos una atribución de los municipios, esta queda condicionada no solo con la voluntad política y la conciencia social de cada jurisdicción, sino también por los recursos disponibles para su desarrollo.

Los residuos sólidos urbanos poseen un ciclo de vida que va desde su generación a su disposición final, lo que también es denominado como “de la cuna hasta la tumba”.

Es importante pensar que la basura es un problema complejo que generamos todos, por lo cual las responsabilidades y obligaciones están repartidas entre múltiples actores, como los municipios quienes deben hacerse cargo del costo económico de su recolección y trasporte, la comunidad y empresas privadas.

El aumento de residuos sólidos de origen doméstico, urbano e industrial ha sido a un ritmo de crecimiento superior al aumento de la población, derivados de un modelo de producción y consumo, que contribuye a la degradación progresiva del ambiente y que supone una extracción masiva de recursos naturales y cantidades desmesuradas de materias, para las que la naturaleza no tiene capacidad de absorción.

La inadecuada gestión de los residuos urbanos influye negativamente sobre los ciclos biogeoquímicos y la biodiversidad, afectando la sustentabilidad de los ecosistemas.

Dentro de estos residuos encontramos la basura electrónica que son todos los dispositivos eléctricos o que funcionan con baterías que llegan al final de su vida útil. Incluye computadoras, celulares y electrodomésticos. Son residuos peligrosos por sus componentes tóxicos, pero contienen materiales valiosos que deben reciclarse correctamente.

En la película animada "Wall-E", un simpático robot es diseñado para limpiar la chatarra que cubre la Tierra después de que fuera destruida y abandonada por el ser humano. Una vez más, el celuloide vaticina posibles realidades. Hoy los países desarrollados y en vías de desarrollo se enfrentan con graves problemas medioambientales a causa de la acumulación de enormes cantidades de basura electrónica.

Indiscutiblemente el avance de la tecnología generó innumerables cambios en la vida cotidiana. El notable incremento de los estándares de confortabilidad y de las expectativas de vida, la simplificación de los procesos de producción, así como de las tareas diarias, y, respecto de las comunicaciones, el hecho de que se han visto mayormente liberadas de los obstáculos de tiempo y espacio.

No obstante, la cara menos amable del avance tecnológico se manifiesta en un crecimiento exponencial de los desechos electrónicos, entre los cuales podemos nombrar: ordenadores, teléfonos móviles, televisores, dispositivos eléctricos, entre otros, problema que hoy deben enfrentar tanto los países desarrollados como las naciones en desarrollo.

Hoy por hoy, la basura electrónica contiene metales pesados y sustancias químicas tóxicas persistentes que no se degradan con facilidad en el ambiente entre los cuales podemos identificar plomo, mercurio, berilio y cadmio. Como estos aparatos han sido diseñados utilizando tales sustancias, cuando son desechados, no pueden ser dispuestos o reciclados de un modo ambientalmente seguro.

Los desafíos a enfrentar son variados, aunque principalmente son tres las cuestiones que hoy ocupan la atención de los expertos en el tema. El reciclaje de los aparatos en desuso, consistente en la separación de los residuos tóxicos y el aprovechamiento de los materiales que pueden ser reutilizados, la creación de una legislación adecuada que haga hincapié en la llamada responsabilidad extendida del productor y la producción de bienes electrónicos cuyos componentes sean más beneficiosos con el ambiente.