
Fue en homenaje al Día de la Bandera, el deportista saltó desde 3.000 metros de altura en el Aeroclub de Alvear con una insignia argentina de 651 metros cuadrados. El histórico vuelo rindió tributo a Manuel Belgrano y a la memoria familiar de su padre, veterano del conflicto de Malvinas.
El cielo de Rosario fue testigo de un hito sin precedentes para el paracaidismo continental. Fernando Pezzatti concretó el sueño que planificó durante tres años al lanzarse al vacío para desplegar en plena caída libre una bandera argentina de 21 metros de ancho por 31 metros de largo. Con una superficie total de 651 metros cuadrados, la insignia nacional se convirtió oficialmente en la más grande de Argentina y de América, ubicándose además como la cuarta mayor del mundo utilizada en esta disciplina.
La proeza se llevó a cabo en el Aeroclub de Alvear, ubicado a 15 kilómetros del Monumento Nacional a la Bandera. Si bien se analizó la posibilidad de realizar el salto directamente sobre el histórico monumento rosarino, la alternativa fue descartada debido al peso del sistema técnico y a los estrictos márgenes operativos que exigían aterrizar lejos de la urbanización.
Logística, confección y desafíos técnicos
Llevar un paño de semejante magnitud al aire requirió de un complejo desarrollo de ingeniería aeronáutica y meses de ensayos diarios:
·Peso y soporte: El paracaidista debió cargar una mochila técnica de 90 kilos y utilizar un sistema de paracaídas diseñado originalmente para dos personas (tándem) para mantener la estabilidad.
·Estabilidad en vuelo: En el interior de la bandera se incorporó una cinta estructural con contrapesos de plomo, lo que permitió que la tela permaneciera extendida y recta frente a la resistencia del viento.
·Trabajo artesanal: La confección demandó cuatro meses de labor manual a cargo de Vanesa Vilches, una tapicera local encargada de coser una estructura capaz de soportar las velocidades de apertura sin desgarrarse.
Las pruebas de seguridad se extendieron por medio año, incluyendo testeos previos de apertura desde un puente antes de trasladar de forma definitiva el experimento al cielo.
Un homenaje cruzado por la historia nacional y familiar
Para Pezzatti, la motivación de batir el récord y desplazar del ranking a la histórica insignia norteamericana de 18 por 26 metros tuvo un trasfondo íntimo y patriótico. Su vinculación con el paracaidismo comenzó a los nueve años influenciado por su padre, quien posteriormente fue voluntario en la guerra de las Islas Malvinas y participó del conflicto por el Canal de Beagle. Tras alejarse de la actividad y realizar una carrera en el pádel, Fernando retomó los saltos a los 40 años, acumulando más de 550 lanzamientos en apenas tres años.
El espectáculo coincidió con las conmemoraciones del 20 de junio por el Día de la Bandera, fecha que recuerda el fallecimiento de Manuel Belgrano en 1820. La gesta conectó directamente con las raíces de la enseña nacional: en 1812, Belgrano hizo izar por primera vez a orillas del río Paraná un paño confeccionado por María Catalina Echevarría de 2,25 metros por 1,60 metros —dimensiones casi idénticas a la primera bandera de dos por tres metros con la que Pezzatti celebró su salto número cien—.
Próximos desafíos
Tras la exitosa presentación en Rosario, filmada por drones y camarógrafos en caída libre para el registro histórico, Pezzatti ya planifica la continuidad del proyecto. El próximo 9 de julio, con motivo del Día de la Independencia, proyecta repetir la experiencia en el Aeroclub Malvinas Argentinas de la localidad de Lobos, con el objetivo de convertir estos despliegues en un homenaje permanente durante cada fecha patria.
