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El Municipio de Plaza Huincul tomó intervención ante la situación de desamparo de Susana Gallardo Leighton, la abuela de algo más de 80 años, que está en situación de calle a raíz de lo que sería un caso de maltrato familiar. La comuna la ubicó en un hogar de resguardo mientras se espera la resolución de la justicia respecto al tema.

Como se informó, la abuela fue hallada por vecinos del barrio Central a pocas cuadras de su casa, sentada en una vereda y llorando por los malos tratos que asegura haber recibido, de parte de una hija del corazón y su pareja.

Susana decidió dejar su vivienda ante la violencia que recibió. Tras haber sido entrevistada por este medio, radicó la correspondiente denuncia en la comisaría sexta de Plaza Huincul.

No obstante, la intervención policial no solucionaba el tema de fondo, que es el desamparo en el que se encuentra dado que no tiene familia, ni lugar donde vivir.

Desde la comisaría se coordinó la intervención con desarrollo Social del municipio, Mariana Pérez, que además de conseguirle alojamiento y contención pidieron la intervención judicial.

Como se informó Susana, de más de 80, contó que hay agresiones verbales como “boluda” o “pelotuda”, pero también la dejaron si su mesa para comer. “Resulta que mi hija, no es hija de sangre, es hija de corazón, pero tiene 34 años. Se vino a vivir acá…. ahora se casó con un pelotudo que tiene y ella hace todo lo que él le dice”.

Respecto a la situación, aseguró que “Me tratan mal, me quitaron la mesa donde comía, ellos comen ahí como si fuera la casa de ellos propia”, dijo y precisó que “es la casa mía porque era de mi viejo que era un obrero de YPF”, explicó.

“Ahora estoy aquí en la calle por eso tengo que ir allí a la capilla a buscar y los vecinos me vieron que estaba aquí se está llorando porque me da bronca”, narró entre lágrimas y explicó que “por Dios santo, ya se lo digo, si tuviera donde irme, me habría ido que rato. Porque a mí me han tratado de la forma que ellos han querido. Porque si yo soy una persona así, la trato mal, que es una boluda, que es una pelotuda, o que me odian, o yo trato a esa persona así, ¿qué voy a estar haciendo en la casa? ¿Le voy a estar besando las patas para quedarme de vuelta? No. Yo arranco mi piojo y me voy a la cresta de acá”, narró siempre con la voz angustiada por el llanto.

“Pero ellos no. Eso es lo que quieren ellos, pelean por la casa que tengo…”, sostuvo.

Respecto a la salida de su vivienda, detalló que “No traje nada, solo el bolso con que voy al taller”, describió y narró su calvario con la pareja de la hija que “andaba para allá y amenazándome que vieja conchetumadre, que vieja aquí y vieja acá, ¡cuánta mierda! Mi madre jamás la conoció el desgraciado”, dijo.