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Una muestra inmensa de afecto y sensibilidad conmocionó por completo a la comunidad médica y a los vecinos de Zapala. Un niño de ocho años, oriundo de la localidad neuquina de Buta Ranquil, recorrió unos trescientos kilómetros junto a su familia para regalarle su música a su abuelo del corazón, un hombre de setenta y un años que se encuentra internado en el hospital local tras ser derivado por cuadros de mayor complejidad médica.

La conmovedora historia comenzó cuando el menor, identificado como Lolito, supo que no tenía permitido ingresar a la habitación del centro de salud donde reposaba Camilo. Lejos de resignarse ante la distancia y las restricciones protocolares, el pequeño decidió desplegar su talento musical en las inmediaciones del edificio para que las melodías de su acordeón llegaran hasta el primer piso.

Advertidas por la emotiva escena, trabajadoras del establecimiento se acercaron conmovidas y gestionaron los permisos necesarios para que pudiera ejecutar su instrumento desde el patio interior.


Vínculos afectivos, primeras notas musicales y gratitud al personal de salud


Lolito transita sus primeras experiencias en la música bajo la tutela de su profesor, Ángel Esparta, acumulando apenas cuatro clases formales con el acordeón. Sin embargo, el noble propósito de acompañar a quien considera un abuelo superó cualquier límite de su incipiente aprendizaje.

Su hermana Renata, de once años, relató el profundo dolor que significaba no verlo durante semanas y expresó el deseo colectivo de que se recupere pronto para recibirlo nuevamente en su hogar.

Por su parte, Francisca Camu, madre de los niños, valoró profundamente la empatía y la predisposición del equipo de salud del hospital zapalino, así como la labor de los centros sanitarios de Buta Ranquil y Chos Malal que intervinieron en la cadena de derivación. De este modo, un traslado sanitario marcado por la preocupación se transformó, gracias a la inocencia y el arte, en un inolvidable acto de contención y esperanza familiar.