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El deceso de un paciente pediátrico a causa de una meningoencefalitis amebiana primaria (MAP) en el Hospital Interzonal de Niños Eva Perón encendió las alertas informativas. El diagnóstico fue verificado mediante técnicas de PCR por el Laboratorio Nacional de Referencia ANLIS-Malbrán. De acuerdo con el reporte oficial, las autoridades de salud consideran la situación como un evento aislado sin evidencia de otros casos secundarios en la zona.

El microorganismo responsable es la Naegleria fowleri, una ameba de vida libre que habita principalmente en ambientes acuáticos de agua dulce templada o cálida, tales como lagos, arroyos, estanques y manantiales termales.
Vías de contagio y mecanismos de acceso al organismo

La transmisión del parásito se produce únicamente cuando el agua contaminada ingresa de manera directa por las fosas nasales, permitiendo que la ameba migre a través del nervio olfatorio hasta alcanzar la masa encefálica.

Especialistas aclaran las formas y limitaciones del contagio:

Actividades de riesgo: Los episodios suelen vincularse con la práctica de natación, buceo o juegos acuáticos en espejos de agua dulce tibia, así como con el uso de agua sin esterilizar para irrigaciones nasales y, en menor medida, instalaciones recreativas sin el debido mantenimiento sanitario.

Mecanismos descartados: La infección no se adquiere por la ingesta oral de agua, ni existe transmisión interhumana ni propagación por vía aérea o gotas de saliva.

Cuadro clínico, sintomatología y tasa de supervivencia

El período de incubación tras la exposición varía entre tres y catorce días. La fase inicial se manifiesta con dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos, síntomas inespecíficos que dificultan un diagnóstico precoz al mimetizarse con otras afecciones.

Con la progresión del cuadro, el paciente puede presentar rigidez nucal, desorientación, pérdida de la coordinación motora, convulsiones, alucinaciones y estado comatoso. La Naegleria fowleri genera la destrucción acelerada del tejido cerebral y una severa respuesta inflamatoria, derivando en una tasa de letalidad superior al 95%.

Desde 1962 se han contabilizado menos de 500 registros a nivel global. Pese a que se han reportado casos de supervivencia mediante la administración combinada de fármacos específicos, la rápida evolución de la patología exige acudir de manera urgente a un centro asistencial si se registran síntomas febriles o neurológicos tras haber tenido contacto con aguas dulces cálidas.