Los vecinos que se dieron cita en la estatua de Messi vivieron con locura el partido ante Egipto. Pasaron de la decepción del 2-0, penal errado mediante, a la algarabía del 2-2 y con el cabezazo de Enzo Fernández, la posibilidad del triunfo.

Pero quedaban minutos de juego y la tensión era extrema. En el final, todos dieron rienda suelta al festejo. Incluso, la policía que hace seguridad en el lugar, porque argentinos somos todos y todos tenemos corazón. Mientras tanto, en la ciudad ya se sienten los bocinazos y los estruendos de la pirotecnia.