Los más de cinco millones de jubilados que perciben el haber mínimo cerrarán diciembre de 2025 con un ingreso que aumentó un 28,6% interanual, mientras que la inflación ya alcanza el 31,3%. El Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, alertó que esta brecha obliga a los adultos mayores a restringir drásticamente la compra de alimentos y medicamentos y a evitar controles médicos por temor a no poder costear nuevos tratamientos.
La situación económica de los jubilados argentinos continúa deteriorándose, con la inflación erosionando velozmente el poder de compra. En diciembre, el haber mínimo —que incluye el ingreso mensual ($340.879,59), el bono congelado ($70.000) y la segunda cuota del aguinaldo ($170.439,79)— alcanzará un total de $581.319,38.
Este monto implica un incremento interanual del 28,6%, una cifra que queda casi tres puntos por debajo del aumento interanual de precios relevado por el INDEC hasta octubre (31,3%).
Solo un tercio de las necesidades cubiertas
Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad, explicó a Perfil que el impacto es más severo para los cinco millones de jubilados que dependen del bono. Según la última estimación de la Defensoría para octubre, la canasta básica de un jubilado asciende a $1.514.074.
El haber mínimo de diciembre, incluso con el bono y el aguinaldo, apenas alcanza para cubrir el 38,3% de las necesidades básicas, una caída dramática respecto al 49,5% que cubría en el mismo mes del año anterior.
La precariedad obliga a restricciones en gastos vitales:
·Alimentos: Un jubilado requeriría $348.000 solo para comprar alimentos, casi $8.000 más que el haber mínimo mensual sin contar el bono.
·Medicamentos: La estimación de necesidades mensuales para fármacos asciende a $402.888.
Semino advirtió: "En términos de vida cotidiana lo que van haciendo es restringir cada vez más su dieta".
Temor a los controles de salud
La crisis se extiende al ámbito sanitario. El gerontólogo alertó sobre un preocupante fenómeno: muchos adultos mayores, incluidos pacientes oncológicos, evitan los controles médicos. El temor no es solo al diagnóstico, sino a la posibilidad de que les cambien la medicación. Si el tratamiento es modificado, "no tienen cómo cubrirlo", dado el alto costo de los fármacos.
Endeudamiento e informalidad
La imposibilidad de llegar a fin de mes empuja a los adultos mayores a buscar ingresos en el mercado laboral informal, aunque la salud o la edad avanzada (más de 85 o 90 años) lo impiden a gran parte de la población.
Las opciones de financiamiento son casi nulas. Los créditos accesibles de Anses ya no están disponibles, y las supuestas tasas especiales ofrecidas por la banca son, en realidad, marginales. Quienes se endeudan lo hacen a través de prestamistas informales con tasas de interés usurarias (que pueden alcanzar el 700% interanual).
Esta situación ha convertido a los jubilados en "los grandes morosos de las expensas de los edificios" en las grandes ciudades, perpetuando el ciclo donde "mientras más pobre sos, más interés te cobran".
A nivel de calidad de vida, incluso aquellos "privilegiados" que aún pueden permitirse un café como un lujo, han tenido que "mutar de lugar" hacia grandes cadenas con promociones, perdiendo sus "lugares de pertenencia" y, con ellos, parte de su historia y capital social.
