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La empresa alimenticia Marengo, con sede en Rafaela, Santa Fe, ha cambiado de propietarios. La noticia llega tras meses de incertidumbre financiera y operativa para la pyme que, paradójicamente, saltó a la fama nacional por lanzar una línea de caramelos con el eslogan presidencial “No hay plata”.

El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) confirmó que los antiguos dueños cerraron la venta de la compañía a un nuevo grupo inversor, marcando el fin de un conflicto laboral que mantenía en vilo a decenas de familias santafesinas.
El fin del conflicto y el regreso a la planta

Según detalló Nicolás González, secretario general del gremio, la operación de venta trajo alivio inmediato a los 60 empleados de la firma:

Cancelación de deudas: Con la llegada de los nuevos capitales, se concretó el pago total de los sueldos correspondientes a enero, que se encontraban adeudados.

Reactivación operativa: Los operarios, que se encontraban bajo un esquema de suspensiones sin goce de sueldo, regresarán a sus puestos de trabajo de forma efectiva tras el receso forzado por la falta de insumos y producción.

Los factores detrás de la caída de la gestión anterior

A pesar del éxito viral de sus productos temáticos, la realidad económica de Marengo se vio golpeada por una "tormenta perfecta":

Desplome del consumo: La caída generalizada en las ventas de golosinas afectó severamente el flujo de caja.

Siniestro climático: A la crisis de mercado se le sumó un fuerte temporal que provocó la pérdida de stock y mercadería terminada, agravando la descapitalización de la empresa.

Inestabilidad operativa: Las suspensiones constantes habían desgastado la relación laboral y la capacidad de cumplir con los pedidos.

Incertidumbre sobre los nuevos dueños

Si bien la venta es un hecho y ha garantizado la continuidad de los puestos de trabajo, aún no ha trascendido la identidad de los nuevos compradores ni el plan de negocios que implementarán para reposicionar a Marengo en el mercado. Lo que es seguro es que la fábrica de Rafaela busca dejar atrás la etapa del "no hay plata" para retomar su ritmo histórico de producción.