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La zona del Palacio Legislativo se transformó en un escenario de confrontación abierta este jueves. Con un despliegue masivo que superó los 2.000 efectivos de seguridad, las fuerzas federales lanzaron una ofensiva para desalojar la Plaza del Congreso, donde manifestantes, organizaciones sindicales y vecinos se concentraban para rechazar la reforma laboral.

Una avanzada marcada por la fuerza

El operativo alcanzó su punto crítico cuando la Policía Federal rompió su propia línea de vallas para penetrar en la multitud. El avance, apoyado por unidades de infantería, motos y camiones hidrantes, no se limitó a la contención:

·Detenciones violentas: En plena transmisión televisiva, se observó cómo una decena de agentes redujeron a un hombre en el asfalto. Entre forcejeos y golpes, el manifestante fue maniatado y retirado del lugar sin que se informara su paradero ni su identidad.

·Ataque a adultos mayores: Ya entrada la tarde, la brigada policial volvió a intervenir para detener a un jubilado llamado Carlos, referente histórico de las marchas de los miércoles, apenas instantes después de que el hombre diera su testimonio a la prensa.

Consecuencias en la salud de los manifestantes

La intensidad del uso de químicos y proyectiles marcó una diferencia respecto a protestas anteriores. La Avenida Rivadavia quedó cubierta por una densa nube de gases lacrimógenos que provocó el cierre de las vías respiratorias de decenas de personas.

Muchos de los heridos presentaron lesiones por impactos directos de cartuchos de gas y postas de goma, teniendo que ser asistidos de urgencia en las postas sanitarias que los propios manifestantes y organismos de derechos humanos improvisaron en las inmediaciones del Parlamento. Mientras la violencia escalaba en las calles, puertas adentro del Congreso, el debate legislativo continuaba en un clima de extrema tensión.