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Un estudio de la UBA revela la magnitud de la crisis económica: el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) ha perdido el 35% de su valor real desde noviembre de 2023, situándose por debajo del nivel registrado antes del colapso de la Convertibilidad. Además, el sector privado lidera la pérdida de empleo formal.

La profunda contracción económica que atraviesa Argentina ha provocado un colapso sin precedentes en el poder adquisitivo del salario mínimo, vital y móvil (SMVM), según un nuevo informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

El salario mínimo, peor que en la crisis de 2001

El estudio pone en perspectiva el deterioro del SMVM, destacando cifras alarmantes:

·Pérdida acumulada: Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, el SMVM sufrió una caída real del 35%.

·Referencia histórica: El valor real del salario mínimo en octubre de 2025 se encuentra por debajo del registrado en el año 2001, inmediatamente antes del quiebre del sistema de convertibilidad.

·Valor máximo: El SMVM actual representa apenas el 36% del pico histórico alcanzado en septiembre de 2011, lo que implica una erosión del 64% en su poder de compra desde aquel máximo.

Esta tendencia decreciente se ha acelerado en el tramo final del año, con caídas consecutivas en el poder adquisitivo: -0,5% en julio, -0,5% en agosto, -2,0% en septiembre y -2,3% en octubre, consolidando el impacto de la inflación post-2023.

La contracción del empleo

El informe del IIEP también confirma que la ola de despidos y ajustes laborales ha impactado con mucha mayor dureza al sector privado que a la planta estatal. El empleo asalariado formal ha registrado una merma ininterrumpida desde mayo.

Los datos de agosto ilustran la desproporción en la pérdida de puestos:

·Empleos formales eliminados (Total): 13.100.

·Pérdida en empresas privadas: La reducción fue de 10.600 puestos de trabajo.

·Pérdida en el sector público: La contracción fue significativamente menor, con 1.700 puestos eliminados.

La crisis se concentra en las empresas, describiendo un panorama de estancamiento general, donde la única categoría de empleo formal que ha logrado mantener su estabilidad es la de trabajadores de casas particulares.